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Información para decidir con libertad

No se trata de Ruffo

Si el caso Ruffo no te hace sentir vulnerable, hay dos explicaciones posibles: no estás poniendo atención, o no estás incomodando a nadie. Y ninguna de las dos es inocente.

Ernesto Ruffo Appel fue detenido en circunstancias que varios juristas y legisladores han calificado como políticamente motivadas. Pero su caso no es una anomalía. Es el mismo país donde Alejandra Cuevas pasó más de 500 días privada de la libertad antes de que la Suprema Corte determinara que el proceso en su contra era jurídicamente insostenible. El mismo donde integrantes de la comunidad de Eloxochitlán de Flores Magón enfrentan procesos que organizaciones de derechos humanos describen como persecución política. El mismo donde la activista Kenia Hernández acumula cargos que esas organizaciones consideran criminalización de la protesta. El mismo donde el uso de Pegasus para espiar periodistas y opositores está documentado, y donde la Fiscalía General fue conducida por alguien cuya actuación en un caso familiar dejó expuesto lo que numerosos juristas describieron como un posible uso personal del sistema penal.

La pregunta no es si Ruffo es culpable o inocente. La pregunta es si podemos saberlo, y si un sistema así merece el beneficio de la duda.

Cada vez que esto ocurrió sin consecuencias, la verdadera mafia del poder aprendió que podían ir más lejos. La indiferencia no es neutralidad: es complicidad. Creer que esto no va contigo porque hoy no eres el objetivo es no entender cómo funciona el poder. El poder no persigue a todos al mismo tiempo. Persigue a uno, observa cuánto ruido hace el resto, y ajusta.

No caigamos en la puesta en escena. La pregunta no es si este caso específico te convence. La pregunta es qué clase de país estamos dispuestos a habitar.

Si no te sientes incómodo, empieza a serlo. La comodidad frente al abuso tiene otro nombre: complicidad.

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