El escritor y docente dejó una huella en la literatura y la filosofía contemporáneas; dirigió La Gaceta del Fondo de Cultura Económica y destacó por una obra crítica e irónica sobre la cultura, el conocimiento y la condición humana
El escritor y docente dejó una huella en la literatura y la filosofía contemporáneas; dirigió La Gaceta del Fondo de Cultura Económica y destacó por una obra crítica e irónica sobre la cultura, el conocimiento y la condición humana

La literatura, la filosofía y el mundo editorial mexicano perdieron a una de sus voces críticas con el fallecimiento de Luis Alberto Ayala Blanco, escritor, editor y docente que murió este lunes a los 57 años. Fue uno de los cuatro fundadores de Editorial Sexto Piso, proyecto independiente que contribuyó a abrir espacios para obras literarias y filosóficas alejadas de los circuitos comerciales tradicionales.
La noticia fue confirmada por Sexto Piso, sello que expresó su pesar por la muerte de quien consideró una figura esencial en el nacimiento de la editorial. “Socio fundador y pilar indiscutible del origen y concepción de esta casa editorial”, señaló la institución en un mensaje de despedida, en el que también le dedicó unas palabras de agradecimiento: “Descansa en paz, querido Luis, y muchísimas gracias por todo”.
Nacido el 3 de abril de 1969 en la Ciudad de México, Ayala Blanco encontró en la docencia universitaria el punto de partida para una iniciativa que marcaría su trayectoria. Durante su labor como profesor de Filosofía Política en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), conoció a Eduardo Rabasa, Rafael López Giral y Francisco de la Mora, con quienes impulsó la creación de Sexto Piso en 2002. Además de participar en su fundación, dirigió el sello durante sus primeros cinco años.

Su trabajo también dejó huella en el Fondo de Cultura Económica, donde estuvo al frente de La Gaceta durante cinco años. Desde esa responsabilidad contribuyó a la difusión de contenidos literarios, ensayísticos y filosóficos, en una publicación dedicada a acercar libros, autores y debates culturales a los lectores. Su labor editorial estuvo acompañada por una mirada crítica sobre las ideas, las costumbres y las contradicciones de la sociedad.
Como escritor publicó títulos como Estupidez ilustrada, Autómatas espermáticos, El silencio de los dioses, 55, 99 y Calasso en México. En sus textos exploró la condición humana, el conocimiento, la cultura y las paradojas de la vida contemporánea, con una escritura marcada por la ironía y el cuestionamiento de las certezas. Sus reflexiones se distinguieron por una postura inconforme frente a las ideas establecidas.
En el ámbito de la gestión cultural, también colaboró con el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, donde se desempeñó como coordinador de contenidos digitales. En esa etapa estuvo a cargo de aplicaciones para iPad de obras fundamentales de la poesía mexicana, entre ellas Blanco, de Octavio Paz; Muerte sin fin, de José Gorostiza, y El fantasma soy yo, de Amado Nervo, proyectos que buscaron llevar la literatura a nuevos formatos de lectura.
Tras conocerse su muerte, alumnos, colegas e instituciones recordaron su trabajo en las aulas, su compromiso con los libros y su particular manera de entender la cultura. El artista plástico Roberto Rébora se sumó a las despedidas con un mensaje en el que evocó su amistad, lucidez y espíritu festivo. Los testimonios destacaron tanto su aportación profesional como la cercanía que mantuvo con quienes compartieron su camino.
Incluso en su semblanza personal, Ayala Blanco dejaba ver el humor que acompañaba su forma de mirar el mundo. Al cerrar su biografía, solía escribir que intentaba hacer honor a una máxima de Alex Lora: “Qué bonito es no hacer nada, y después descansar”. Sus allegados anunciaron que el último homenaje al “Maestro de La Vida hasta La Muerte” se realizó este lunes en el Panteón Francés, donde familiares, amigos y colegas podrían despedirlo.
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