Al cumplirse el centenario del nacimiento de Manuel Buendía, el periodismo mexicano tiene la oportunidad de evocar el ejemplo de este periodistas hoy reconocido por todos por su rigor y valentía profesional.
Nacido el 24 de mayo de 1926 en Zitácuaro, Michoacán, Manuel Buendía Tellezgirón llegó a ser el columnista político más leído e influyente de la segunda mitad del siglo XX en México.
Su icónica columna "Red Privada", publicada en la primera plana de Excélsior y replicada en unos 60 diarios nacionales, funcionó como un bisturí implacable que diseccionó las zonas más oscuras e inaccesibles del poder público, pero también los entresijos de la ultraderecha, las operaciones de la CIA y el nacimiento de la narcopolítica.
De la escuela religiosa a la trinchera crítica
Cursó sus primeros estudios en un seminario de Morelia, lo que le dio una profunda formación eclesiástica tradicional.
Dio sus primeros pasos periodísticos a los 14 años en la revista La Nación, órgano de difusión del Partido Acción Nacional (PAN), bajo la guía de Carlos Septién García.
Con los años, se distanció de las posturas conservadoras, aunque siempre pudo utilizar esa perspectiva para convertirse en el principal crítico y estudioso de la ultraderecha mexicana.
En el diario La Prensa, ascendió desde la dura disciplina de la fuente policiaca hasta asumir la dirección del periódico, refinando un olfato de sabueso inigualable.
A partir de 1977, volcó por completo su tiempo al columnismo. Buendía poseía una red de informantes de altísimo nivel dentro del aparato del Estado, lo que otorgaba a sus textos una gran confiabilidad. Nadie documentó como él los excesos del líder petrolero Jorge Díaz Serrano, las excentricidades corruptas del jefe policial Arturo Durazo Moreno, ni las ramificaciones de agencias extranjeras en el territorio nacional. Para Buendía, el peor enemigo de un comunicador era la mediocridad.
La CIA bajo la lupa
La disección de las operaciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos en territorio mexicano y centroamericano fue, sin duda, una de las facetas más audaces y peligrosas de Manuel Buendía. En una época de estricto control informativo y en plena Guerra Fría, Buendía transformó su columna "Red Privada" en un escaparate que desnudó el espionaje estadounidense, desafiando la narrativa oficial de la diplomacia bilateral.
Buendía no hablaba de la CIA como un ente abstracto. Con nombres propios, cargos diplomáticos de fachada y direcciones, revelaba la identidad de los jefes de estación y oficiales operativos de la agencia que actuaban en la Embajada de EU en México.
Documentó cómo se utilizaba el territorio mexicano como base de operaciones secretas para desestabilizar a los gobiernos de izquierda en Centroamérica, particularmente la Revolución Sandinista en Nicaragua.
Toda esta investigación quedó plasmada en su célebre libro La CIA en México (1983), un texto que se convirtió de inmediato en un manual de referencia obligada para entender la geopolítica de la región y que irritó profundamente a los servicios de inteligencia de ambos países.
La investigación de Buendía sobre la CIA terminó cruzándose de forma trágica con el que, a la postre, sería el motivo de su ejecución. Hacia 1984, el periodista empezó a armar un rompecabezas aún más oscuro: la cooperación secreta entre la CIA y la Dirección Federal de Seguridad (DFS) mexicana para proteger a los primeros grandes capos del narcotráfico (como Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo).
30 de Mayo de 1984, una fecha infame
La precisión de sus pesquisas firmó su sentencia. El 30 de mayo de 1984, a pocos días de cumplir 58 años, Manuel Buendía fue asesinado por la espalda en un estacionamiento de la Zona Rosa de la Ciudad de México. Cinco balazos cortaron la vida del periodista.
El crimen, un auténtico atentado de Estado, se mantuvo en la opacidad durante cinco años. Las investigaciones determinaron finalmente que el autor intelectual fue José Antonio Zorrilla Pérez, entonces poderoso director de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía política del régimen. Buendía estaba a punto de publicar un artículo definitivo que evidenciaba los nexos de protección entre altos políticos y los pujantes cárteles del narcotráfico, coordinados desde la propia DFS.
El Legado del Maestro
El periodismo de Buendía dejó profunda huella porque siempre practicó el cruce riguroso de fuentes oficiales y no oficiales antes de publicar.
Maestro en las aulas de la UNAM y formador directo de nuevas generaciones de reporteros, siempre se mantuvo atento a las nuevas tendencias del periodismo sin dejar de insistir en los pilares fundamentales de la profesión.
A un siglo de su nacimiento, la figura de Manuel Buendía no es un simple recuerdo de hemeroteca, sino un recordatorio vigente de que la palabra libre tiene un peso y un costo muy alto en México. Frente a la violencia y acoso que vive el periodismo crítico enMéxico, así como el control de los medios y las presiones cotidianas que enfrentan los comunicadores, el ejemplo de Manuel Buendía sigue orientando a todos los reporteros y columnistas que asumen que su trabajo es exponer la verdad, no complacer al poder.
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