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Información para decidir con libertad

Lo extraordinario es lo normal

Hay días en que nada sale mal. No llega ningún mensaje urgente, el cuerpo no cobra factura, la quincena alcanza para lo planeado. Y en lugar de disfrutarlo, lo primero que haces es revisar qué se te está pasando. La sospecha, a esta altura, llega antes que el alivio.

A ver: antes el éxito se medía diferente. Había metas, proyectos, conversaciones sobre lo que ibas a construir. La ambición tenía nombre y tenía fecha. Hoy la métrica cambió sin que nadie convocara la junta. El logro ya no es llegar a algo: es que el día no se descarrile. Que el tráfico no te quiebre, que el banco no te sorprenda, que el grupo de WhatsApp de la familia no explote antes del desayuno.

Seamos honestos: el inventario mental del adulto funcional no incluye sueños, incluye variables de riesgo. ¿Hay gasolina? ¿Llegó el estado de cuenta sin sorpresas? ¿El refri sigue funcionando? ¿Nadie en casa está enfermo? Si las respuestas son sí, el día empieza con superávit. No es una victoria épica: es la ausencia de derrota. Y a esta altura del partido, eso es exactamente lo que se celebra, aunque nadie lo publique.

Francamente, no es resignación lo que lleva al hombre funcional a recalibrar así su escala. Es información acumulada. Cada factura médica no planeada, cada urgencia inventada, cada proyecto que se descompuso en el momento menos conveniente —todo eso va construyendo un criterio nuevo: lo extraordinario es lo normal. El día que transcurre sin drama no es el día mediocre: es el día bien administrado.

Ojo: el problema no es que ya celebres sobrevivir. El problema es no darte cuenta de que eso también merece algo. No una fiesta, no un post. Solo reconocer en silencio que llegaste entero. Que nadie te descarriló. Que hoy, contra toda probabilidad estadística, la vida funcionó como se suponía que debía funcionar.

Reitero: ya celebramos sobrevivir. No lo digo como queja ni como crítica. Lo digo como el diagnóstico más honesto que le puedo hacer a esta etapa. Si alguien no lo entiende, que se haga adulto.

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