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Las vísperas mundialistas, el ajolote y su suerte

Semana 21 en La Aurora. Las vísperas del Mundial de Futbol. En una semana ya se habrá inaugurado la competencia y estaremos en modo eufórico y angustiado.

La selección nacional cerró su preparación con una victoria ante Serbia en la Bombonera de Toluca. La “Cumbia de los trapos”, el canto que se convierte en común porque ahora se trata de México: “Viene el fin de semana todos a la cancha vamos a ir…”

Cinco a uno, nada que objetar y elevación del ánimo. Ojalá les vaya, nos vaya muy bien.

Pocos momentos en que se puede converger y celebrar, inclusive en el ambiente enrarecido que permea la vida pública.

Las comparaciones son inevitables. En 1970 y en 1986 la fiesta, señalan las crónicas y se establece en la memoria colectiva, era por todos lados.

Ahora hay que repasar el calendario entre obras de última hora. El gobierno de la Ciudad de México tuvo ocho años para preparar la infraestructura necesaria pero no se pudo. La improvisación y las carreras como reflejo.

El Sistema de Transporte Colectivo, el Metro, padece los parches que tratan de sustituir a la planeación eficiente. Un reto imposible.

Por fortuna, y no nos engañemos, el espectáculo estará en la televisión, miles de millones de espectadores a lo largo de todo el planeta.

A los estadios llegarán pocos, como siempre, aunque ahora los precios tornaron esas posibilidades casi imposibles para la mayoría de la población y sobre todo para los que cada fin de semana acompañan a sus equipos de la liga nacional.

La duda, en todo caso, radica en lo que tendrán que ver los que tomen transporte colectivo para llegar a una milla del Estadio Azteca o Banorte, pero que por instrucción de la FIFA se llamará Ciudad de México.

¿Habrán llegado a un acuerdo con la CNTE que evite imágenes bochornosas? ¿Resistirán el Metro y el Tren Ligero sin que los turistas tengan que caminar sobre las vías? ¿El paso elevado en la calzada de Tlalpan estará concluido, por lo menos para que no complique la vialidad debido a las obras? ¿El ajolote, el que habita en los canales de Xochimilco será protegido invirtiendo recursos, o se contentarán con una mascota de lo que ya no fue?

Detalles, en efecto, porque la vorágine no parará, pero, al menos, tendremos la oportunidad de cantar goles, de esperar y apoyar, de estar ahí, donde se pueda, para respaldar a nuestra selección. A rodar el balón.

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