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La defensa que nos falta

La derrota de México dejó una lección que va mucho más allá del marcador: Inglaterra ganó porque defendió mejor.

No fue una defensa improvisada ni basada en individualidades. Fue una línea sólida, disciplinada y estratégicamente diseñada. Cada jugador sabía cuándo presionar, cuándo cerrar espacios y cuándo respaldar a sus compañeros. Entendieron que los partidos decisivos no se ganan únicamente con talento ofensivo; también se ganan impidiendo que el rival haga lo que quiere.

Mientras observaba ese partido no podía dejar de pensar que esa es, precisamente, la defensa que hoy le hace falta a México. No una defensa de 11 jugadores, sino una defensa ciudadana, capaz de proteger aquello que hace posible la convivencia democrática.

Las democracias tampoco se pierden de un día para otro. Se erosionan gradualmente, cuando desaparecen los contrapesos, cuando las instituciones son debilitadas, cuando las reglas dejan de respetarse y cuando la ciudadanía confía en que alguien más saldrá a defenderlas.

Y mientras millones de mexicanos vivíamos la emoción del Mundial, el país seguía recordándonos que la realidad nunca entra al medio tiempo. Las madres buscadoras continuaban exigiendo verdad y justicia; la violencia no se detuvo; los tiempos políticos siguieron adelantándose y las reglas democráticas continuaron sometidas a una presión cada vez mayor.

La verdadera lección no está en el resultado. Está en la forma de construir las victorias.

Las grandes defensas no aparecen el día del encuentro. Se construyen durante meses, incluso años. Requieren estrategia, coordinación, liderazgo, entrenamiento y confianza entre quienes las integran. Exactamente lo mismo ocurre con una democracia.

Y el calendario nos recuerda algo más: dentro de un año las y los mexicanos volveremos a acudir a las urnas. Ese partido tampoco se ganará el día de la elección. Se está jugando desde ahora.

Si queremos preservar nuestras libertades, nuestras instituciones y el Estado de derecho, no bastan la indignación ni los buenos discursos. Necesitamos a la ciudadanía organizada, capaz de defender las reglas democráticas con la misma disciplina con la que un gran equipo defiende su portería. Necesitamos una estrategia compartida que fortalezca a las instituciones, exija rendición de cuentas y recuerde que el poder democrático siempre debe tener límites.

Dentro de un año, el balón será sustituido por millones de boletas. Las tribunas darán paso a las urnas. Ya no habrá árbitro, tiempo extra ni penales. Solo habrá ciudadanas y ciudadanos con la enorme responsabilidad de decidir el rumbo del país. Ese será el partido más importante para nuestra democracia, y su resultado dependerá de quienes decidan participar.

Durante este Mundial vimos plazas y estadios desbordados de pasión. Cantamos, sufrimos y alentamos a una sola voz. ¿Por qué esa misma energía no habría de acompañarnos dentro de un año? El mayor aliado de quienes buscan debilitar la democracia no siempre es el autoritarismo, con frecuencia es el abstencionismo. Cada boleta que no se deposita deja un espacio vacío que otros ocupan. Si millones de mexicanas y mexicanos, especialmente las y los jóvenes, salimos a votar con la misma convicción con la que alentamos a la selección, la democracia tendrá la mejor defensa posible. Porque hay partidos que se ganan con goles. Pero hay otros que solo se ganan participando.

Hace unos días alentábamos a México desde las tribunas. Dentro de un año, México nos necesitará en las urnas. Ojalá no falte nadie.

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