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ENSAYO: Billy Bragg y el rescate de la libertad

Armando Luna Franco

A Nadia R., quien me regaló esta inquietud

Una de las  principales consecuencias del triunfo del consenso liberal en occidente ha sido la supremacía de la libertad como valor humano último. Antes que la igualdad, la dignidad, el bienestar o la justicia, y su lugar sólo disputado por la seguridad en los años posteriores al 11 de septiembre estadounidense, no temo aseverar que la libertad ha reinado como valor supremo desde hace tres siglos. Sin embargo, eso no significa que exista un consenso sobre cuál libertad es la que preferimos enarbolar.

Una discusión clásica de la teoría y la filosofía políticas es la distinción entre dos formas de libertad, y que el inglés nos permite separar lingüísticamente: freedom y liberty. Nuestra lengua no puede expresarlo con la misma claridad, pues la palabra libertad encierra ambas acepciones. Aunque la diferencia se hizo famosa gracias a la conferencia de Isaiah Berlin (“Dos conceptos de libertad”), es una idea que ya había planteado Thomas Hill Green en 1879, y que refiere a dos ámbitos de la vida humana: la voluntad y la acción.

Cuando hablamos de la voluntad estamos en el ámbito de freedom o libertad negativa. Una libertad plena donde no hay más barreras que la propia voluntad. Su negatividad es la ausencia de barreras, “libertad de”. Cuando hablamos de la acción estamos en el ámbito de liberty o libertad positiva. Es decir, el reconocimiento externo de que podemos hacer ciertas cosas. Su positividad reside en esa externalidad, “libertad para”. Si aventuro una adecuación a nuestra lengua, diríamos que freedom es la libertad como la entendemos coloquialmente, mientras que liberty se asemeja a nuestra idea de derechos.

Este preludio sirve para situar el breve ensayo de Billy Bragg, Tres dimensiones de la libertad (Anagrama, 2020), un alegato puntual y expositivo donde el autor, un activista y músico inglés, tiene una meta muy clara: salvar a la libertad del neoliberalismo. Aunque su reflexión no presume de exquisitez teórica o intelectual, no carece de argumentos sugerentes ni de cierta raigambre cultural, propios de su experiencia. Sin proponérselo, su texto se puede enmarcar en la tradición del liberalismo clásico inglés.

Las tres dimensiones que propone Bragg también delatan una raíz republicana: liberty, equality y accountability. Si los listo en su idioma y no en la traducción, es porque el traductor cometió un error al traducir liberty por franqueza, sin ninguna explicación de esta decisión. Baste decir que no existe argumento etimológico que justifique dicha traducción. Si corregimos ese error, las tres dimensiones en español son derechos, igualdad y rendición de cuentas. Más allá de la responsabilidad individual, el planteamiento de Bragg se propone un rescate colectivo de la libertad.

El neoliberalismo da prioridad a un individuo abstracto, atomizado, una lectura egoísta de Robinson Crusoe como ideal del self-made man. Esa visión del mundo se acompaña de una desregulación de la vida económica en favor de la ganancia particular sobre el beneficio público. Las consecuencias de esta visión motivaron a Bragg a escribir este manifiesto como una propuesta de regresar a la idea de responsabilidad compartida. 

Retomar la visión de derechos como una forma de recordar que vivimos en una comunidad organizada. Defender la igualdad como una dimensión material y no abstracta, donde el principio parte del reconocimiento mutuo de la voluntad ajena y su dignidad inherente. Reforzar la rendición de cuentas como un principio de solidaridad donde asumimos las consecuencias de los actos realizados. De esta manera, Bragg ofrece una salida liberal al mundo neoliberal.

Dentro de la noble ingenuidad que transmite el texto, es interesante leer una defensa liberal de la libertad que reconozca su asedio por el neoliberalismo, más que tratar de salvar ambas partes. Es común leer en las críticas a este modelo económico una crítica nada velada de la libertad. Y razones no faltan. Sin embargo, es importante reconocer que incluso la libertad ha sido mermada por el neoliberalismo y la primacía del mercado sobre el Estado y la sociedad. Así, la propuesta de Billy Bragg puede servir como un asidero que nos permita reconciliar la libertad con la crítica al statu quo.

*Armando Luna Franco. Ensayista y articulista especializado en política mexicana y pensamiento político contemporáneo. Escribe para Animal Político y Revista Común.
@alunaf_89

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