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 El T-MEC en revisión: la industria automotriz define el futuro de Norteamérica

Este 20 de julio inicia en CDMX una ronda decisiva de negociaciones. EU busca endurecer reglas de origen y aumentar contenido nacional.

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta su primera gran revisión desde que Washington decidió no extender automáticamente el acuerdo por 16 años, optando por evaluaciones anuales hasta 2036. De acuerdo con un comunicado oficial de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), el objetivo es “garantizar que los beneficios del tratado se traduzcan en empleos para los trabajadores estadounidenses”.

Este 20 de julio se celebrará en la sede de la Secretaría de Economía, en la Ciudad de México, el encuentro estratégico. Los negociadores confirmados son: Marcelo Ebrard, secretario de Economía de México; Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos (USTR); y Dominic LeBlanc, ministro canadiense responsable del comercio con EE.UU. y asuntos intergubernamentales.

Automotriz, eje de la negociación

Uno de los puntos más delicados será la discusión sobre las reglas de origen en la industria automotriz. Actualmente, el T-MEC exige que 75% del contenido de un vehículo sea regional. Washington busca elevar la proporción de piezas estadounidenses, lo que podría desplazar proveedores mexicanos y canadienses. La Secretaría de Economía de México ha advertido que endurecer estas reglas “afectaría la competitividad y encarecería los vehículos en hasta 3,000 dólares” (Secretaría de Economía, julio 2026).

En comunicados oficiales, Marcelo Ebrard ha señalado que la prioridad es eliminar aranceles al acero, aluminio y automóviles, además de asegurar certidumbre para las inversiones. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha respaldado públicamente esta postura y destacó que la revisión de este año debe ser “la más importante” para fijar reglas claras y evitar renegociaciones constantes.

El sector automotriz domina la revisión del T-MEC porque es la industria más interconectada entre México, Estados Unidos y Canadá. La producción de un vehículo en Norteamérica no ocurre en un solo país: motores fabricados en Estados Unidos, transmisiones producidas en México, componentes electrónicos provenientes de Canadá y ensamblaje final nuevamente en México antes de venderse en el mercado estadounidense.

El peso económico de la industria en México

La industria automotriz mexicana es estratégica para la economía nacional. Según el INEGI, aporta el 4.5% del PIB total y alrededor del 20.5% del PIB manufacturero. En el primer trimestre de 2026, México produjo 969,294 vehículos y exportó 795,631 unidades, un aumento de 2.45% respecto al mismo periodo de 2025. El mercado estadounidense sigue siendo el principal destino, con 75.8% de las exportaciones. Estas cifras reflejan la magnitud del sector: más de 600 plantas de autopartes y ensambladoras operan en el país, generando cientos de miles de empleos directos e indirectos.

Otro frente es la eliminación de los aranceles de la Sección 232, que imponen un 25% al acero y aluminio. La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) estima que estos impuestos encarecen cada unidad en un rango de 2,500 a 3,000 USD, afectando directamente a consumidores y exportadores.

La revisión anual del tratado genera dudas entre inversionistas. Fitch Ratings advirtió que este esquema “podría desalentar inversiones en sectores estratégicos como semiconductores y autopartes”. México, como cuarto exportador mundial de vehículos, depende de la estabilidad regulatoria para atraer proyectos de electrificación y nuevas plantas de baterías.

Canadá, entre Washington y Pekín

El papel de Canadá refleja una tensión creciente con Estados Unidos y, al mismo tiempo, una apertura pragmática hacia China. Una encuesta de Bloomberg/Nanos publicada en febrero de 2026 mostró que 55% de los canadienses considera a Estados Unidos la mayor amenaza para su seguridad nacional, frente a solo 15% que señaló a China. Este resultado no significa que Canadá confíe más en Pekín, sino que evidencia el deterioro de la percepción de Washington como aliado seguro.

En paralelo, el gobierno canadiense firmó un acuerdo comercial con China que permite importar hasta 49,000 vehículos eléctricos chinos al año con aranceles preferenciales, reducidos de un nivel punitivo de 106.1% a apenas 6.1%. Marcas como BYD y Lotus (propiedad de Geely) ya han comenzado a entrar al mercado canadiense. La decisión responde a la necesidad de diversificar proveedores y cumplir con la meta de que todos los autos nuevos vendidos en 2035 sean de emisiones cero.

Así, Canadá se mueve entre la presión proteccionista de Washington y la apertura hacia Pekín, mostrando cómo la industria automotriz se ha convertido en un terreno de disputa geopolítica.

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