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El huachicol fiscal abastece 16% del diésel que consume México; el contrabando repunta en 2026

El contrabando de diésel alcanzó 95 millones de barriles en 2021 y en junio de 2026 llegó a un promedio de 102 mil barriles diarios, según un estudio de Francisco Barnés de Castro

El huachicol fiscal continúa siendo una de las principales fuentes de abastecimiento de diésel en México. Actualmente suministra alrededor del 16 por ciento de la demanda nacional, de acuerdo con un estudio del doctor Francisco J. Barnés de Castro, elaborado para el Observatorio Ciudadano de la Energía y fechado el 24 de septiembre de 2026.

La investigación, basada en estadísticas oficiales de la Secretaría de Energía, el Banco de México y la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), revela que aproximadamente una cuarta parte del diésel procedente de ese país ingresó ilegalmente a México durante los últimos tres años.

El contrabando alcanzó su punto más alto en 2021, cuando se estima que entraron ilegalmente 95 millones de barriles de diésel, equivalentes al 26 por ciento del consumo nacional. En 2024 fueron 62 millones de barriles y en 2025, otros 47 millones.

Lejos de desaparecer, el negocio ha registrado un nuevo repunte durante 2026. Tan sólo en junio ingresaron ilegalmente, según las estimaciones del estudio, 3.1 millones de barriles de diésel, equivalentes a 102 mil barriles diarios. Es uno de los volúmenes mensuales más elevados de los últimos dos años.

Las cifras revelan, además, que el contrabando ha mantenido una presencia considerable a pesar del incremento de la producción nacional de diésel y de la reducción de las importaciones legales procedentes de Estados Unidos.

De acuerdo con el Banco de México, 97 por ciento del diésel importado legalmente durante 2026 proviene de Estados Unidos. Sin embargo, las estadísticas mexicanas de importación no coinciden con los volúmenes que las autoridades estadounidenses registran como exportaciones hacia nuestro país.

La diferencia entre ambas cifras permite estimar la magnitud del huachicol fiscal, aunque no constituye, por sí sola, una identificación de cada operación ilegal ni de sus responsables.

El estudio de Barnés también pone de manifiesto que las cifras oficiales de consumo de diésel ofrecen una imagen incompleta del mercado mexicano. Sin considerar el contrabando, el consumo aparente se ha mantenido relativamente estable desde 2008, con excepción de los años de la pandemia.

Al incorporar las importaciones ilegales provenientes de Estados Unidos, el panorama cambia: el consumo aparente de diésel ha crecido a una tasa anual de 1.2 por ciento durante los últimos cuatro años.

En el primer semestre de 2026, el consumo aparente total, incluido el contrabando estimado, alcanzó un promedio cercano a los 500 mil barriles diarios. El estudio registra 476 mil barriles diarios en el primer trimestre y 514 mil en el segundo.

Otra conclusión importante es que las estimaciones de huachicol fiscal podrían estar subestimadas. El cálculo únicamente considera las diferencias entre las exportaciones estadounidenses y las importaciones registradas por México.

Quedan fuera las operaciones procedentes de otros países. Barnés señala que las investigaciones del FBI en Estados Unidos han identificado que una parte del contrabando de diésel hacia México provino de Canadá.

Por otra parte, la entrada en operación de la refinería de Dos Bocas ha contribuido a reducir la dependencia mexicana del diésel estadounidense, tanto legal como ilegal. Esa dependencia alcanzó un máximo de 70 por ciento en 2021 y disminuyó a un promedio de 44 por ciento durante el primer semestre de 2026, aunque repuntó a 49 por ciento en el segundo trimestre.

La mayor producción nacional ha reducido las necesidades de importación, pero no ha eliminado el contrabando. Las estimaciones de Barnés muestran que el huachicol fiscal sigue abasteciendo una proporción considerable del mercado mexicano, incluso después de las investigaciones y los decomisos realizados por las autoridades.

El estudio no calcula el monto de los impuestos evadidos ni identifica a los beneficiarios de las operaciones ilegales. Sin embargo, documenta la persistencia de un mercado paralelo que, durante los últimos tres años, ha representado alrededor de una cuarta parte del diésel procedente de Estados Unidos.

La paradoja que muestran las cifras es que México produce cada vez más diésel y necesita importar menos, pero el contrabando continúa abasteciendo una parte sustancial de la demanda nacional.

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