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El gobernador Zambada

Ismael El Mayo Zambada era el factor de poder más importante en Sinaloa. Esto se desprende de los análisis oficiales que señalan que su traslado a Estados Unidos fue lo que generó una violencia que no para en Sinaloa desde hace dos años.

Como el gobierno del estado estaba coludido con el Cártel de Sinaloa, los coletazos de la traición de Joaquín Guzmán López a su padrino también los alcanzaron.

Se entiende que en el gobierno insistan en lo nociva que fue la operación que culminó con la entrega de El Mayo y Guzmán López a las autoridades de Estados Unidos, pero hasta ahora no se tiene certeza de los niveles de implicación del FBI o la DEA en ese episodio, respecto al que quedan muchos cabos sueltos y, de modo relevante, el homicidio de un exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Esto se suele perder de vista, pero El Mayo Zambada acudió a Huertas del Pedregal para mediar en el conflicto que sostenían Melesio Cuén y Rubén Rocha Moya por el control de la UAS.

Es decir, el jefe del Cártel de Sinaloa también se ocupaba de pacificar a grupos políticos sobre los que tenía ascendencia en temas universitarios.

Este es el meollo del asunto, que más allá de intromisiones extranjeras -si es que las hubo- muestra que lo que estalló aquellos días fue generado por una larga serie de componendas que terminaron por ser insostenibles una vez que los jefes delictivos se traicionaron.

Conviene tener presente que las acusaciones de la Corte del Distrito Sur de Nueva York contra Rocha Moya y nueve de sus cómplices no tienen nada que ver con el traslado de El Mayo, sino con los pactos que este presuntamente hizo con el exgobernador con licencia para ayudar en la elección de 2021.

Como las denuncias de la jornada electoral no condujeron a ningún lado, porque en Sinaloa no se investigaron, el control criminal avanzó.

Cuando cayó El Mayo fue algo parecido al derrocamiento de un gobernador y sin sustituto en el horizonte. Esto se entiende, pero no deja de ser una vergüenza que se haya llegado a esos niveles de connivencia entre poder político y poder criminal.

Si hace dos años hubo injerencia, antes de eso existió complacencia, que debilitó a las instituciones y no hizo posible la gobernabilidad, ya no digamos democrática, sino siquiera a secas.

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