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El ascenso de Inzunza Cázarez y la erosión institucional en Sinaloa

El senador ha ocultado la identidad de sus padres en medio de señalamientos sobre su vínculo familiar con el gobernador de Sinaloa; es sobrino de Ricardo Rocha Cázarez, es decir, primo de Rocha Moya

Crédito: @InzunzaCazarez

La línea entre los tres poderes en México es cada vez más borrosa, al igual que, al parecer, lo es el límite entre política y crimen organizado. En este escombro de sueños heredados del siglo pasado, esos que impulsaron iniciativas para fortalecer los valores republicanos, el libre comercio y la legalidad (todo esto al menos en el papel), destaca el senador de Morena, Enrique Inzunza Cázarez, hoy por hoy acusado por Estados Unidos de estar relacionado con el Cártel de Sinaloa.

Presidente del Poder Judicial sinaloense en dos periodos –de 2011 a 2014 y después entre 2016 y 2021– con lo que sumó 9 años y 7 meses al frente de la judicatura local, Inzunza Cázarez demostró su verdadera vocación cuando abandonó toda su carrera judicial con una llamada después de la que pidió su jubilación adelantada (esa que tanto critica la presidenta Claudia Sheinbaum cuando se trata de figuras que están fuera del oficialismo), y el exjurista se deslizó de un mundo al otro sin que nadie reclamara.

El fiel compañero, amigo y aliado del ahora gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, también señalado por las autoridades estadounidenses por su relación con el narcotráfico y al que el senador le debe tanto, pero tanto, lo sacó del frío mundo las herraduras jurídicas para meterlo de lleno en el de la operación política, las negociaciones indeseables y los acuerdos sucios.

Pero antes, mucho antes, de que Inzunza Cázarez dejara el Supremo Tribunal de Justicia de Sinaloa en agosto de 2021 para convertirse en noviembre en el secretario General de Gobierno de Sinaloa bajo el mando de Rocha Moya, nadie se imaginaba que su nombre figuraría entre los 10 señalados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ).

Al igual que sucede con el gobernador con licencia, no está claro en qué momento se habría coludido con el Cártel de Sinaloa. Después de todo, prácticamente toda su carrera, al menos desde 2001 hasta 2021, se desarrolló dentro del Poder Judicial. No hay corridos, leyendas ni testimonios de fuentes cercanas que narren el paso del jurista al oscuro mundo de la ilegalidad que ahora se le imputa.

Lo que sí hay son registros, y abundantes, de la relación que se ha forjado a lo largo de los años entre Inzunza Cázarez y Rocha Moya, quienes no sólo fueron amigos de la infancia, sino que fueron vecinos cuando crecieron juntos en Badiraguato, Sinaloa, municipio marcado por ser la cuna de reconocidos narcotraficantes como Joaquín El Chapo Guzmán, Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza Moreno El Azul.

Entre las matas de los montes del estado creció un fuerte lazo, como narra el periodista sinaloense César Ernesto Hernández, quien asegura que Inzunza logró salir de Badiraguato y consolidarse en la capital del estado cuando “durante su juventud migró a Culiacán para vivir en la casa del hoy gobernador del estado e ingresar a la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) para estudiar derecho”. Ese paso le habría servido al senador morenista para trabajar en el Poder Judicial local, no sin antes, en 1993, ser bibliotecario adscrito a la Dirección General de Bibliotecas de la Universidad, esto mientras su paisano ocupó el cargo de rector de la UAS.

Existe una explicación que ayudaría a entender mejor por qué el gobernador con licencia se preocupó tanto por su paisano, y es que por más que seas cercano a la persona que creció en la casa pegada a la tuya, la protección parece excesiva. Esta la encontramos en el medio Voces Nacionales, que aseguró que, aunque Inzunza nunca ha dado a conocer quién es su padre y su madre para ocultar su parentesco con el gobernador, es sobrino de Ricardo Rocha Cázarez, padre de Rocha Moya, lo que convertiría a ambos morenistas en primos. Como también llega a pasar en las organizaciones criminales, parece que los lazos de sangre consolidaron su complicidad y cercanía.

Cinco años después de dejar atrás el cuidado de los libros de la UAS, en 2001, el senador morenista se convirtió en director del Instituto de Capacitación Judicial, puesto que le sirvió para saltar a convertirse en magistrado en 2008 y después, como ya se ha dicho, en presidente del Supremo Tribunal de Justicia.

A pesar de su cercanía con Rocha Moya, tres veces candidato a gobernador de su estado, lo que le ganó un cierto reconocimiento nacional, suficiente para llamar la atención de Andrés Manuel López Obrador desde los años 90, Inzunza Cázarez mantuvo un perfil más local, conocido entre sus paisanos, pero no mucho más allá. Eso cambió en 2024, cuando llegó al Senado de la República en representación de Sinaloa.

Contrario a su gris paso por la judicatura, en la que no parece haber dejado mayor registro de sentencias que marcaran una diferencia importante en la vida de los mexicanos, como senador su voto a favor sí que influyó en la aprobación de la controvertida reforma judicial de Morena, misma que defendió al argumentar que, según su experiencia, esta iba a ayudar a "acabar con nepotismo". En lo que ya parece casi un lugar común al hablar de Morena, esa doble moral que bien podría ser un requisito para pertenecer al partido gobernante.

En un claro abuso de la memoria selectiva, el legislador, quien últimamente se ha negado a presentarse a las sesiones para no darle “ocasión a personeros de la derecha conservadora, de que, so pretexto, hagan de la sesión un espectáculo indigno del recinto parlamentario”, es decir para que nadie le pueda cuestionar sus presuntos nexos con el narco, algo que, como era de esperarse, ha negado rotundamente, parece olvidarse de que su propia esposa, Claudia Meza Avendaño, es magistrada del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Sinaloa.

Meza Avendaño llegó apenas en 2021 a ser Secretaria General de Acuerdos del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Sinaloa. Su carrera, como suele suceder en estos casos, tuvo el impulso que le falló a tantos juristas en este país, y apenas cinco años después llegó a uno de los cargos más altos en el Poder Judicial de su estado. Esto, por supuesto, con el respaldo de 36 diputados locales que, en votación secreta, faltaba más, la llevaron al olimpo de la judicatura local en noviembre del 2021, cuando su esposo ya era el secretario general de Gobierno de Sinaloa. 

En otro claro ejemplo de su nepotismo, ese que tanto dice que le molesta, pero no tanto, resalta que en el mismo poder judicial estatal también se desempeña Javier Inzunza Cázares, hermano del legislador y secretario de acuerdos.

Finalmente, la hermana del senador, Aida Inzunza Cazarez, también es magistrada, pero del Tribunal Electoral de Sonora, y como “amor con amor se paga”, ella fue la encargada de elaborar el proyecto con el que se declaró la validez de la elección a la gubernatura de Sinaloa en 2021.

Todas las pruebas que se presentaron para reclamar la operación del crimen organizado en esa jornada, y que ahora, gracias al gobierno de Donald Trump, han vuelto a las primeras planas y espacios estelares, fueron ignoradas por la magistrada Inzunza Cázarez, quien no dudó en dar por bueno el triunfo del amigo de la familia.

Empoderado por sus recién descubiertas habilidades de acomodar a sus cercanos, el morenista aprovechó su momento para meter a Aitana Inzunza, su hija, como parte del equipo de asesores de la bancada de Morena. Pero con el cinismo que también les caracteriza (hay que decirlo, aunque ya suene repetitivo), el coordinador del Grupo Parlamentario, Ignacio Mier, le perdonó al sinaloense el tener orgullo de su nepotismo, y declaró que no había ningún inconveniente ya que Aitana no depende directamente de su papá.

“Voy a hacer una revisión de tal manera que se parezca lo menos posible a una injusticia”, prometió Mier con el tono como de quien sabe que no se va a comprometer a nada.

Más allá de los ignorados posibles conflictos de interés, nexos familiares en el poder y doble moral, el todavía senador arrastra un escándalo aún más grave que los de por sí ya reclamables presuntos abusos de poder, y es que mismo medio que destapó su relación familiar con Rocha Moya, Voces Nacionales, también fue el primero en publicar un video que Inzunza Cázarez habría enviado a la jueza Ana Karina Aragón Cutiño, quien lo denunció por acoso y violencia sexual mientras él se desempeñaba como presidente del Tribunal de Justicia de Sinaloa.

En el material, que sigue disponible en las “benditas” redes sociales para cualquiera que lo quiera buscar bajo la etiqueta de “depravado sexual”, se ve al morenista sentando en un sillón, sin playera, concentrado mientras se masturba. Incluso en un proyecto que llegó a la Sala Regional Especializada del Tribunal Electoral por presuntas calumnias en su contra por este caso (algo que quedó rechazado), se habló de que había indicios de la presentación de 97 denuncias en contra del sinaloense, de las cuales 47 fueron por acoso, 22 por discriminación, 14 por hostigamiento, 11 por violencia verbal y tres por violencia física.

Esto se sabía desde antes de que llegara a la Cámara Alta en 2024, esto a pesar de que en Morena dicen tener un protocolo para prevenir, atender, sancionar, reparar el daño y erradicar los casos de violencia política contra las mujeres al interior de sus filas. Pero, como ha quedado claro, (¿o por qué no se ha nombrado a ninguna secretaria de la Mujer desde que Citlali Hernández se fuera a la grilla?) al partido en el poder esas cosas le tienen sin cuidado.

Cabe recordar, de paso, que el entonces gobernador Rocha Moya, minimizó, en su momento, las acusaciones como si estos fueron meros chismes que repiten quienes quieren manchar la investidura de su gobierno. “Que no amenacen, que publiquen todo lo que quieran, ¿cuál es el problema? Que no mande decir, que lo hagan”, retó el dirigente estatal.

Como en otros casos, aquí la explicación se encuentra lejos de los tribunales y la justicia y más cercana a la crudeza del poder. La jueza, quien se dice que Aragón Patiño recibió diferentes amenazas por parte de Inzunza Cázares y su esposa, la todavía magistrada Meza Avendaño, para que retirara su denuncia. La presión fue tal que la víctima accedió y otorgó un perdón al potentado sinaloense, lo que lejos de exculparlo parece que sólo confirma que lo que decía en su contra era todo real. Si nada hubiera sido cierto, entonces no hubiera sido necesario un perdón.

Además de su presunto vínculo con el narcotráfico, ese que tanto se ha dicho que le ayudó a Rocha Moya a llegar a la gubernatura, y que tanto se menciona que incluso pudo haber financiado más de una campaña a otros gobernadores guindas, Inzunza Cázarez entiende bien el lugar en donde se encuentra, comprende las reglas del juego y las hace suyas. Desde que dejó la toga atrás y se puso el chaleco guinda ha dejado en claro que él es leal “al proyecto de Estado” de López Obrador, lo que incluso lo llevó a calificar a esta nueva era en la vida pública de México como “el Estado Constitucional de Bienestar” (sic).

Este discurso partidista se incrementó a partir de abril, cuando Estados Unidos lo acusó formalmente de conspirar con el Cártel de Sinaloa (proteger cargamentos y recibir sobornos), y solicitó su extradición junto a otros funcionarios, que enfrentan penas de hasta 40 años o cadena perpetua. En columnas y trascendidos se dice que el senador estaría jugando a la doble banda, y le propuso al gobierno estadounidense ser un testigo cooperante, con lo que pondría a temblar nuevamente a la nueva clase política que busca instalarse en el poder en México.

Más allá de los chismes, en lo que sí ha insistido el senador es en que los cargos en su contra son "falsos y dolosos", e incluso llegó a victimizarse al señalar que es un estigma que él carga por haber nacido en Badiraguato. Al mismo tiempo, como quien quiere mandar un mensaje a quienes cuentan para que se empiecen a preocupar por su protección, el sinaloense llegó a decir que estos señalamientos son un "ataque e insidia contra Morena y AMLO".

“Nací y crecí en el municipio de Badiraguato, Sinaloa, de lo que me siento orgulloso. Hay quienes piensan que ese solo hecho permite suponer que quienes de ahí provenimos somos delincuentes. En nombre propio, de mi familia y de mi pueblo, rechazo esa infamia”, publicó en su cuenta de X, antes Twitter, rápidamente cuando se dieron a conocer los cargos en su contra, a lo que agregó un críptico mensaje que se presta a la interpretación. “Sí, provengo de esa gente que prefiere vivir entre las fieras y alimentarse de los árboles antes que inclinar la frente y abrazar a los traidores”.

Después de terminar de arrastrar a Morena, a la autodenominada 4T y al expresidente López Obrador, a quien llamó “nuestro máximo referente político y mexicano de excepción”, Inzunza Cázarez pareció dar por iniciado el juicio, pero no necesariamente en los tribunales estadounidenses o mexicanos, sino el de la historia. “Demostraremos que somos lo que hemos hecho toda la vida. Nuestra biografía está ahí”.

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