En otro brete. Con tantos fierros en la lumbre (Andy, Amílcar, fisuras por los destapes, tortura a Ruffo) los excesos retóricos de la presidenta la llevan a un brete el próximo 5 de febrero. 110 años cumplirá la Constitución de 1917, desnaturalizada y todo, pero vigente. Pero la comandante en jefe alardeó el domingo habernos impuesto una “nueva Constitución”, a través de un “Congreso constituyente” erigido por ella desde las mayorías espurias con las que el régimen habilitó la actual Legislatura como ‘constituyente’, para aplastar las normas del Estado Constitucional Democrático. ¿A qué horas abrogó ella la Constitución que creíamos vigente? O ¿la damos por abrogada después del abatimiento de sus instituciones fundamentales?
De constituyentes a “constituyentes”. Menos complicado se presentará el problema para algún académico que quiera seguir el rastro de los “constituyentes” de Sheinbaum, de la manera en que lo hizo el apreciado investigador Ignacio Marván Laborde con los constituyentes auténticos, en su memorable joya editorial Cómo hicieron la Constitución de 1917, publicada para el centenario de nuestra Carta Magna por el Fondo de Cultura Económica. De lo más encomiado, los acuciosos perfiles de aquellos constituyentes, reveladores de su rica pluralidad de visiones y experiencias y de una calidad personal contrastante con los “constituyentes’ de la presidenta. Ejemplos: Mújica, Jara, Cravioto o Palavicini frente a Noroña o ‘Dato Protegido’: perfiles frecuentes de una legislatura que, seguro, irá, por cita a los clásicos, al basurero de la historia.
Ley fundamental ¿de la nación o de un partido? Quizás la diferencia mayor radica en que aquella pluralidad del Constituyente de 1917 aportó una Carta Magna para una nación, mientras que el “constituyente" de hoy sólo obedece a un partido, como se jactó la presidenta: “Hoy tenemos una nueva Constitución, una norma fundamental, acorde con los tiempos de la cuarta transformación…”
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