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Derrota en el Parlamento y calles en ebullición acorralan a Pedro Sánchez

El rechazo a los decretos de vivienda en el Congreso y las masivas protestas sociales llevan a Pedro Sánchez a evaluar la disolución de las Cortes

Crédito: Especial

La legislatura del socialista Pedro Sánchez en España pende de un hilo. Tras una semana negra marcada por el rechazo de iniciativas clave en el Parlamento y un estallido social en las calles, los pasillos de La Moncloa y los principales diarios nacionales apuntan a un inminente adelanto electoral como única salida a una crisis estructural de gobernabilidad.

El detonante de este terremoto político fue la contundente derrota legislativa sufrida en el Congreso de los Diputados, donde la oposición —formada por el Partido Popular (PP) y Vox—, sumada a socios estratégicos del Ejecutivo como Junts, tumbó dos reales decretos fundamentales en materia de vivienda. 

Las medidas buscaban frenar el encarecimiento desbordado de los alquileres y regular los desalojos, un pilar que el gobierno de coalición (PSOE-Sumar) consideraba vital para contener el malestar ciudadano.

Sin embargo, el fracaso en el Parlamento encendió la mecha en las calles. Miles de personas han tomado puntos emblemáticos de Madrid y otras capitales españolas bajo consignas de hartazgo ante la imposibilidad de acceder a una vivienda digna.

Las protestas, que en algunas regiones han derivado en choques con las fuerzas de seguridad, exponen un desgaste profundo de la sociedad hacia la gestión económica y social de la administración actual.

A este flanco social se suma el callejón sin salida de la aritmética parlamentaria. Con una alianza de gobierno fragmentada y dependiente de partidos independentistas que giran según sus propios intereses, el margen de maniobra de Sánchez se ha reducido a cero, imposibilitando la aprobación de presupuestos y reformas estructurales de calado.

Mientras la oposición conservadora presiona sin tregua exigiendo que se convoque de inmediato a las urnas, el presidente del Gobierno evalúa los tiempos para un posible decreto de disolución de las Cortes. 

España se encuentra así ante una encrucijada definitiva: apostar por un nuevo ciclo electoral o intentar recomponer los restos de una mayoría rota en medio de un clima social altamente polarizado.

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