El gobierno buscó una gurú económica y recibió un informe de copiar y pegar. La gurú del Plan México vendió una receta de catálogo que exige las instituciones que la 4T destruyó
El gobierno buscó una gurú económica y recibió un informe de copiar y pegar. La gurú del Plan México vendió una receta de catálogo que exige las instituciones que la 4T destruyó

Mariana Mazzucato, economista italiana y autora de El Estado emprendedor, fue recibida por el gobierno mexicano como una autoridad mundial en desarrollo económico.
Invitada para respaldar el Plan México, impartió una suerte de cátedra ante funcionarios con décadas de trayectoria en el sector público, como Marcelo Ebrard. La escena debió resultar humillante: expertos nacionales sentados como alumnos ante una celebridad extranjera.
Pero, según sostiene Jorge Chávez Presa, en un artículo publicado en “La Aurora”, la profesora estrella terminó ofreciendo mucho menos de lo anunciado.
El informe que Mazzucato elaboró junto con Lara Merling no contiene una fórmula novedosa para el desarrollo. Es, en esencia, una receta reciclada que ya había sido utilizada en otros países.
Chávez Presa documenta que el supuesto modelo innovador es un machote. La misma estructura, los mismos capítulos y las mismas recomendaciones aparecen en informes para Barbados, Sudáfrica, Brasil y Reino Unido.
El caso mexicano no es aislado. La misma receta de “economía de misiones” ha sido presentada como traje a la medida en al menos cuatro países, siempre con idéntica estructura y conclusiones. El patrón es sistemático: cambiar nombres propios y logotipos, mantener capítulos y recomendaciones, y venderlo como innovación. México se suma así a una lista de clientes de un modelo de copy‑paste académico.
Sólo cambian los nombres propios. Donde antes decía BNDES ahora dice Nafin; donde aparecía Eskom ahora figura la CFE.
Un traje de talla única fue presentado como si hubiera sido confeccionado especialmente para México.
La ironía va más allá del copiar y pegar. La llamada “economía de misiones” que Mazzucato propone exige reguladores autónomos, evaluadores independientes, tribunales confiables y contrapesos institucionales.
Es decir, justamente las instituciones que la Cuarta Transformación fue debilitando, absorbiendo o eliminando.
Así, el documento contratado para avalar el Plan México termina convirtiéndose en su crítica más severa. Sin proponérselo, concluye que el proyecto sólo podría funcionar si se reconstruye aquello que el propio gobierno desmanteló.
Chávez Presa también cuestiona que el informe ignore a economistas mexicanos que llevan décadas estudiando los problemas estructurales del país.
Santiago Levy, Jaime Ros, Juan Carlos Moreno-Brid y Fausto Hernández Trillo no aparecen en la bibliografía. En cambio, abundan las referencias a trabajos de la propia Mazzucato.
La novedad consistía, al parecer, en citarse a sí misma mientras se evitaba dialogar con quienes conocen la economía mexicana desde hace años.
El capítulo fiscal tampoco sale bien librado. El informe revive la vieja idea de que la inversión pública puede pagar por sí sola su costo, precisamente después de que México probó esa promesa con una refinería, un tren y un aeropuerto.
Además, propone nuevos impuestos y mecanismos fiscales sin presentar cálculos, costos administrativos ni una suma clara frente al gasto público ya comprometido.
Pero la mayor paradoja es otra. México no necesitaba contratar una consultoría extranjera para obtener un diagnóstico serio de su economía.
Como socio fundador del Banco Mundial y miembro de otros organismos económicos y financieros internacionales, el país tiene acceso a equipos técnicos de primer nivel, revisiones del gasto, diagnósticos de país y propuestas elaboradas con años de trabajo en los datos y en el territorio.
Incluso el instrumento financiero más concreto que el informe elogia, una plataforma de garantías por 500 millones de dólares mediante Banobras y Fonadin, fue estructurado por el Banco Mundial, no por el instituto de Mazzucato.
La paradoja es brutal: el informe contratado para avalar al gobierno termina siendo su crítica más severa, al exigir reconstruir las instituciones que la propia 4T debilitó. En otras palabras, el documento no sólo es un machote, sino un espejo incómodo que refleja las carencias creadas por el mismo proyecto político.
El gobierno compró una celebridad académica cuando ya tenía, sin costo adicional, acceso al mejor análisis económico del mundo. El resultado fue una narrativa con vocabulario novedoso, una receta de catálogo y un machote con membrete internacional. En México, esa mercancía tiene un nombre mucho más antiguo y preciso: espejos de vidrio.
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