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Crecer mientras el mundo cambia

Saltillo, Coah.- Hay momentos en los que las noticias parecen no tener relación entre sí hasta que uno las observa desde cierta distancia.

Esta semana hablamos de inversiones, nuevos empleos, industria automotriz, seguridad, agua, energía y desarrollo. Mientras tanto, fuera de nuestras fronteras, México vuelve a contener la respiración frente a Estados Unidos.

La revisión del T-MEC, las amenazas arancelarias y las negociaciones alrededor del acero, el aluminio y los automóviles nos recuerdan algo que en Coahuila conocemos especialmente bien: buena parte de nuestra prosperidad depende de nuestra capacidad para competir y relacionarnos con el mundo.

Somos un estado industrial. Lo vemos todos los días en Saltillo y Ramos Arizpe, pero también en La Laguna, Monclova, Piedras Negras y Acuña. Miles de familias dependen directa o indirectamente de cadenas productivas que no terminan en la frontera.

Por eso resulta significativo que, aun en medio de la incertidumbre internacional, sigan llegando inversiones y proyectos generadores de empleo.

Y no es casualidad. Las empresas no eligen únicamente un terreno o una ubicación en el mapa. Buscan condiciones para invertir, producir, crecer y quedarse.

Coahuila ha construido durante años muchas de ellas: seguridad, paz social, estabilidad laboral, infraestructura, capital humano, desarrollo y calidad de vida. A eso se suma algo mucho más difícil de poner en una estadística, pero que quienes vivimos aquí conocemos bien: nuestra calidez norteña.

Todo eso genera confianza. Y la confianza genera inversión. La inversión genera empleo. El empleo lleva bienestar a las familias y ese bienestar impulsa, a su vez, nuevas oportunidades de desarrollo. Es un círculo virtuoso que vale la pena reconocer, pero sobre todo cuidar.

Porque crecer también implica nuevos retos. Más empresas significan más trabajadores y más familias; mayor demanda de vivienda, movilidad, escuelas, hospitales, servicios, energía y agua.

No se trata de frenar el crecimiento. Todo lo contrario. Se trata de acompañarlo con planeación para conservar precisamente aquello que nos ha permitido llegar hasta aquí.

Y hasta una noticia aparentemente distante de la economía nos deja una enseñanza.

En Cuatro Ciénegas, la reintroducción del bisonte está ayudando a recuperar pastizales, mejorar el suelo y favorecer nuevamente la presencia de otras especies.

La naturaleza nos recuerda que ningún elemento funciona aislado.

Las ciudades tampoco. Y las economías, mucho menos.

La industria necesita infraestructura. La inversión necesita seguridad. El crecimiento necesita agua. Las familias necesitan calidad de vida. Y el desarrollo económico necesita visión de largo plazo. Eso es, finalmente, un ecosistema.

Y quizá una de las grandes fortalezas de Coahuila sea haber entendido que el desarrollo tampoco ocurre de manera aislada. La paz social favorece la inversión; la inversión genera trabajo; el trabajo produce bienestar, el bienestar fortalece a las comunidades y las comunidades fuertes permiten seguir creciendo.

México tendrá que navegar meses complejos frente a Estados Unidos y la redefinición del comercio de Norteamérica.

Coahuila no puede controlar esas decisiones.

Lo que sí puede hacer es prepararse y cuidar lo que ha construido.

La seguridad. La paz social. La confianza. La cultura del trabajo. La capacidad industrial. La calidad de vida. Y esa forma tan nuestra de recibir, trabajar y construir comunidad.

Porque en tiempos de incertidumbre, la ventaja no necesariamente la tiene quien más crece.

La tiene quien sabe hacia dónde quiere crecer.

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