El gobierno acusa al partido de Jean-Luc Mélenchon de fomentar las protestas; el dirigente lo niega y asegura que solo respalda las demandas estudiantiles
El gobierno acusa al partido de Jean-Luc Mélenchon de fomentar las protestas; el dirigente lo niega y asegura que solo respalda las demandas estudiantiles

La protesta estudiantil que comenzó hace dos semanas en escuelas de los suburbios de París se convirtió este martes en una movilización nacional que alcanzó más de 40 ciudades de Francia, con sindicatos, profesores y padres de familia en las calles y el partido de Jean-Luc Mélenchon bajo sospecha del gobierno de alentar los disturbios.
The New York Times informó que 256 mil personas participaron en las manifestaciones, según el Ministerio del Interior francés, aunque uno de los principales sindicatos aseguró que fueron más del doble. Sólo en París salieron a las calles unas 56 mil personas.
El movimiento comenzó a finales de septiembre con bloqueos de estudiantes de secundaria que protestaban por falta de personal, salones abarrotados y edificios escolares deteriorados. En apenas dos semanas se extendió a cientos de planteles y ahora incorporó a sindicatos, maestros, universitarios y padres de familia.
La velocidad de la expansión y su capacidad de movilización pusieron los reflectores sobre Francia Insumisa, el partido de izquierda radical encabezado por Jean-Luc Mélenchon, que respalda abiertamente las protestas.
Funcionarios del gobierno acusan a Francia Insumisa de fomentar los disturbios, señala The New York Times. El partido lo niega y sostiene que simplemente apoya las demandas estudiantiles. Hasta ahora no se han presentado pruebas de que la organización de Mélenchon dirija las protestas.
Pero el componente político resulta inevitable. Mélenchon podría alcanzar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo año, según encuestas citadas por el diario estadounidense, y una movilización nacional contra el gobierno coloca a su partido en una posición privilegiada para capitalizar el descontento.
Las protestas fueron mayoritariamente pacíficas, aunque hubo enfrentamientos con la policía en distintas ciudades. En Lyon se registró un incendio y en París fueron utilizados gases lacrimógenos. Al caer la noche, varios cientos de manifestantes permanecían enfrentándose con agentes en una plaza de la capital.
La violencia ya arroja cifras inquietantes. Cerca de seis mil personas han sido detenidas desde septiembre y 215 estudiantes y 85 trabajadores escolares han resultado heridos, informó el primer ministro Sébastien Lecornu.
El gobierno sostiene que grupos violentos se infiltran entre los estudiantes. Organizaciones de derechos humanos y un importante sindicato de jueces y fiscales, en cambio, acusan a la policía de emplear fuerza desproporcionada incluso contra manifestantes de 14 años.
El conflicto ocurre en un momento especialmente vulnerable para Francia. The New York Times señala que las dificultades para financiar al Estado se combinan con altos costos de endeudamiento, el fuerte aumento del precio de los combustibles y la incertidumbre por la sucesión del presidente Emmanuel Macron.
Lecornu anunció la suspensión de las clases regulares jueves y viernes para abrir espacios de diálogo entre directivos y alumnos. Aseguró que el gobierno escucha y toma en serio las demandas.
Puede ser demasiado tarde para mantener el conflicto encerrado en las escuelas. En dos semanas, una protesta por aulas saturadas y edificios deteriorados se transformó en un movimiento nacional. Y ahora, con Francia Insumisa apoyándolo y el gobierno acusándola de estimular los disturbios, la revuelta estudiantil comienza a mezclarse con la batalla por suceder a Macron.
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