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ARTES VISUALES: Roberto Montenegro: un artista disidente

Diana Álvarez Mejía

El pasado 6 de septiembre concluyó la exposición “Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma” en el Museo Palacio de Bellas Artes.

La muestra, dividida en cuatro núcleos, fue una trayectoria crítica de la producción del artista: el modernismo del que fue representante, el art nouveau y decó que trajo a México luego de su estancia en París, la postura que tuvo ante las Guerras Mundiales y hasta el muralismo del que fue pionero.

La diversidad de las obras de esta muestra deja entrever la evolución del artista, su maestría en el dibujo, el modernismo en sus retratos y autorretratos y, principalmente, la falta de importancia que se le ha dado dentro del muralismo. El propio curador, Daniel Garza Usabiaga, asegura que Montenegro estuvo relegado del movimiento debido a su perspectiva sobre la masculinidad, su homosexualidad que vivía abiertamente y la homofobia dominante a principios del siglo XX.

Entre las piezas que revelan la censura que sufrió Montenegro, está el Árbol de la vida (1922), una comisión del entonces Secretario de Educación, José Vasconcelos. Dicha obra, como bien se menciona en la curaduría, fue modificada por Montenegro, ya que en un primer momento San Sebastián hacía alusión a su homosexualidad, al representarlo con atribuciones femeninas.

Montenegro, así como otros muralistas, usó esta corriente para difundir ideas y conocimiento a todo público, y de alguna manera educarlo. La homosexualidad de Montenegro fue sin duda una de las razones por las cuales, en la historia del arte popular de México, no se le relaciona con el muralismo ni se le llega a comparar con Diego Rivera, Alfaro Siqueiros u Orozco, artistas con los que no tuvo buena relación y lo relegaron de ‘su movimiento’.

Esta diferencia se puede apreciar incluso en su estética, la cual es mucho más estilizada y no monumental como en los otros muralistas. Asimismo, se observa que sus ideales e inclinaciones eran más personales si bien no dejaban de ser políticos: Montenegro tiene obra fuertemente crítica hacia el nazismo y fascismo, donde ridiculiza tanto a Hitler como Mussolini.

Montenegro buscó constantemente en su obra una reconfiguración de lo femenino, tal como lo menciona Usabiaga al asegurar que el pintor representó a las mujeres como personajes míticos, con gran fortaleza e independencia. Tales son los casos de Salomé, cortando cabezas, o los retratos de sus amigas Gabriela Mistral, Pita Amor o Frida Kahlo.

Todas estas características hablan de un artista que tuvo una postura muy personal, fiel a sus convicciones y asumía las consecuencias de ello. Montenegro no quedó en el olvido en la historia del arte de México, sin embargo, no se le ha llegado a dar la importancia que tuvo en la formación de esta tradición. Su aportación es mayor a aquella que se le reconoce, desde todo el bagaje cultural que trajo de Europa y su contribución al modernismo en México, hasta el muralismo al que perteneció y en el cual difundió ideas controversiales, pero necesarias.

El Museo Palacio de Bellas Artes, a través de esta exposición, ha dado voz y visión a un artista que otorgó lugar a la disidencia en el arte mexicano.

*Diana Álvarez Mejía. Poeta e historiadora del arte. Tradujo, junto con Antonio Bohorquez, Me mataría en marzo de Hilda Hilst (2023). Ha publicado en Primera Página, Santa Rabia Poetry y Letralia, tierra de letras.
@dianacartesiana

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