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ARTES VISUALES: "Niña madre": de Hugo Brehme a David Alfaro Siqueiros

Diana Álvarez Mejía

Diana Álvarez Mejía

Niña madre, obra realizada por David Alfaro Siqueiros en 1935, de la cual posteriormente elaboró una versión litográfica con el taller de la artista Elizabeth Catlett, es sin duda un testimonio del espíritu revolucionario, así como de una infancia perdida. La pieza —que claramente se inscribe en el realismo social— sugiere una marcha indefensa, con una mirada hacia el espectador que no se puede evitar. La niña con pies descalzos y ropa rasgada transmite desamparo.

David Alfaro Siqueiros/ Niña madre/ Litografía / 87.5 x 67 cm/ 1956

Es importante enfatizar que esta icónica obra es una transcripción de la fotografía Indita de 1915 del alemán Hugo Brehme, fotógrafo que se distinguió por posicionar la fotografía más allá de fines documentales. Si algo diferenció al fotógrafo fue precisamente la concepción romántica que se logra apreciar en sus imágenes. Indita buscaba conmover al espectador: tiene una vista frontal a la altura de la joven madre; a la altura de la dignidad y firmeza con la que enfrenta su difícil situación.

Hugo Brehme/ Indita/ Plata gelatina/ 14 x 9 cm/ ca. 1915

Esta inspiración entre ambos artistas demuestra el interés que siempre los identificó: el arte con compromiso social. No en vano el mexicano eligió esta fotografía para realizar una de sus obras más representativas. Siqueiros, como uno de los mayores representantes del muralismo, buscó en el arte dar cuenta de la realidad social del país, donde cada uno de sus habitantes—y no únicamente los burgueses— pudieran identificarse en la imagen. El muralismo buscó reflejar la realidad cotidiana de la vida del proletariado y de la vida campesina mexicana, con el fin de ofrecer una visión crítica del régimen político dominante para denunciar las desigualdades sociales existentes.

Por otro lado, Hugo Brehme se vio fuertemente influenciado por todos los cambios sociales que se llevaron a cabo a partir de la Revolución Mexicana. Si la naturaleza había sido en un principio su objeto de estudio, a partir del movimiento armado lo fue el sujeto social y su entorno como una crítica a la situación por la que transitaba México.

El diálogo entre ambas obras deja entrever la influencia que tuvo Brehme con las corrientes artísticas posteriores. La mexicanidad de su fotografía contribuyó en gran parte a la generación de nuevos imaginarios que buscaban la reafirmación cultural nacionalista, ya que el muralismo tuvo como uno de sus objetivos reconstruir la identidad nacional y educar a una población mayoritariamente analfabeta.

Asimismo, más allá de su valor estético, ambas obras poseen un profundo significado de la realidad social en México que fue evidente en diferentes épocas y que —me atrevo a decir— aún lo es hasta hoy en día. La imagen de ambos niños se puede llegar a interpretar como una representación atemporal, ya que cualquier espectador que la vea puede reconocerla como parte de su actualidad y no como algo ajeno y lejano. 

Esto denota que la diferencia social en México sigue manteniéndose, en mayor o menor medida; y, a la par, demuestra cómo el arte puede llegar a trascender épocas y momentos específicos, de tal manera que las imágenes sigan hablando fuera de su tiempo.

*Diana Álvarez Mejía. Poeta e historiadora del arte. Tradujo, junto con Antonio Bohorquez, Me mataría en marzo de Hilda Hilst (2023). Ha publicado en Primera Página, Santa Rabia Poetry y Letralia, tierra de letras.
@dianacartesiana

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