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A 250 años de la independencia en Estados Unidos, ¿podrán sobrevivir la democracia y el orden global?

Estados Unidos cumple 250 años. Dos de sus principales logros han sido establecer un sistema democrático interno y un orden internacional liberal, hoy amenazados bajo el gobierno de Donald Trump, el cual es un síntoma de cuestiones complejas.

Para evitar la fractura del orden nacional e internacional fortaleciendo los sistemas democráticos, es indispensable que existan políticas que minimicen la polarización y atiendan los problemas existenciales que enfrenta la población ante disrupciones en el orden establecido.   

Benn Steil, director de Economía Internacional en el Council on Foreign Relations, en su artículo “Why Rules-Based Orders Fail”, argumenta que los sistemas basados en reglas—tanto a nivel nacional como internacional—se fracturan de forma inherente. Las excepciones a las normas son la nueva normalidad. Steil argumenta que el fracaso de estos órdenes es un fallo de voluntad política y una inevitabilidad sistémica.

El orden internacional liberal está colapsando porque mientras el dominio estadounidense retrocede, China ejerce coerción regional y Rusia disputa las fronteras europeas. El orden interno en EU se ha erosionado por la pérdida de confianza en sus instituciones.

Steil utiliza dos teoremas para mostrar las condiciones para la inestabilidad de un sistema basado en reglas, ya sea nacional o internacional. Según esta perspectiva, el Estado de derecho y la democracia son frágiles o imposibles.

Kurt Gödel muestra que un sistema siempre se encontrará con crisis recursivas que no puede resolver, por lo que una autoridad fuera de las normas establecidas debe decidir qué hacer. Kenneth Arrow muestra que es imposible diseñar un sistema de votación que traduzca las diversas preferencias individuales en una decisión colectiva coherente sin resultar dictatorial.

Steil argumenta que las acciones ejecutivas discrecionales y extralegales ocurren para gestionar una crisis. Si el público confía en que el sistema volverá al Estado de derecho, el orden sobrevive.

En los últimos 25 años, EU ha experimentado grandes crisis que erosionaron la confianza pública: el estado de seguridad nacional posterior al 11-S; los rescates financieros de 2008 que protegieron a los bancos mientras abandonaban a los ciudadanos; la era Covid, que parecía exceder la autoridad legal, y los esfuerzos por deslegitimar las elecciones de 2020 que polarizaron a EU sobre el orden constitucional.

A nivel internacional, el "orden basado en reglas" se apoyó en un único país dominante (EU) para hacer cumplir las normas. El cambio del Acuerdo General sobre Aranceles Arancelarios y Comercio (GATT) a la Organización Mundial del Comercio (OMC) refleja cómo el GATT tuvo un gran éxito porque sus miembros eran compatibles ideológicamente, pero la OMC aspiraba a la inclusión universal y admitió a China antes de que se adhiriera a los principios del mercado. El sistema se paralizó bajo marcos económicos opuestos de EU y China.

El artículo "Righting Globalization’s Wrongs", de Gordon Hanson, publicado en la revista F&D, del FMI, argumenta que, aunque el libre comercio fue durante mucho tiempo defendido por sus ganancias globales en eficiencia, economistas y políticos no anticiparon sus dolorosas y disruptivas consecuencias distributivas.

La rápida globalización de las últimas décadas, impulsada por la integración de China en la OMC, sacó a millones de personas de la pobreza en el mundo en desarrollo, pero fracturó gravemente los mercados laborales locales en los países de altos ingresos. Esta crisis acabó fomentando un descontento público generalizado, alimentando el auge de movimientos nacionalistas y populistas modernos que han puesto en riesgo a la democracia.

Los economistas pasaron por alto cómo se dejaban a centros manufactureros vulnerables por el incremento de la competencia de las importaciones, mientras que los centros de la economía del conocimiento prosperaban.

Hanson sostiene que, para restaurar la confianza pública en la integración global y contrarrestar el nacionalismo económico, los gobiernos deben orientarse hacia políticas bien diseñadas basadas en la localidad geográfica que minimicen el costo social con iniciativas de formación de trabajadores por sector. Lo que no funciona es dejar al libre mercado que se ajuste, pues tarda demasiado y deja regiones marginadas, lo que causa un gran descontento.

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