El teatro, hijo predilecto de las artes escénicas y de la literatura, tiene sus raíces ya documentadas desde el siglo V, A.C. El teatro, en sus inicios, estaba vinculado a los rituales religiosos, pero la existencia misma del hombre era la base de las representaciones; su relación con los antiguos dioses, con los elementos de la naturaleza y su razón de ser en el universo.
Ya desde entonces, se impusieron y perfeccionaron dos géneros que subsisten hasta nuestros días: la comedia y la tragedia.
En el Centro Cultural Conde Duque, en Madrid, España, anunciaron la representación, durante cuatro tardes, de la obra teatral Antígona González, de Sara Uribe, con la actuación de Marina de Tavira. Así, con algo más de curiosidad que interés, decidí deshacerme de la modorra de una tarde dominical e irme al teatro.
Reconozco que nunca he leído Antígona de Sófocles, y sólo conocía, muy someramente, el fondo de la trama: el derecho a la sepultura. No tenía ni la menor idea de lo que iba a enfrentar.
La escenografía, un espacio casi vacío, es un gran acierto, no sólo por la representación intrínseca del desierto sino por el sentimiento de devastación, soledad y muerte que te transmite desde el primer minuto.
Marina de Tavira enfrenta, maravillosamente, un monólogo de más de una hora, que te deja paralizado ante la tragedia que está representando. La tragedia de más de 135 mil desaparecidos (y no localizados) en México y la lucha incansable de sus familiares por encontrar los cuerpos de sus amados y darles una sepultura digna para que ellos, padres, hermanos, amigos, etc., encuentren, finalmente, paz.
Antígona González ni siquiera desea venganza, quiere algo mucho más profundo, el cuerpo de su hermano al que pueda dedicarle una oración y cerrar el círculo perverso de la indiferencia de las autoridades, del miedo y la eterna frustración.
Antígona sólo tiene una certeza: no dejará de buscar a su hermano Tadeo. Nunca.
Si la obra es ya de sí estremecedora, verla como mexicano en España, te conmueve con una serie de sentimientos que van desde la rabia hasta la vergüenza, de la tristeza más profunda a la impotencia paralizadora. ¿Qué tiene que suceder en México para que todas las Antígonas González encuentren los cuerpos de sus seres amados y tengan el triste consuelo de la certeza?
¿Hasta cuándo las autoridades seguirán minimizando esta tragedia y humillando con su indiferencia a las miles y miles de Antígonas González que van penando de un lugar a otro con la esperanza de encontrar a su Tadeo particular?
Extraordinaria actuación de Marina de Tavira que ennoblece a la denuncia y al arte. El teatro mexicano ha estado a una altura que estremecería al mismo Sófocles.
Pancho Graue
