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Carlos Manzo y la verdad que no conoceremos

El asesinato de Carlos Manzo es de esos casos que dejan la sensación de que nunca sabremos la verdad y que, aun si las autoridades la dan a conocer, siempre quedarán dudas.

Aún quedan muchas preguntas sobre un suceso que indignó al país y cumplió un año el pasado 1 de noviembre. Era la noche de muertos y, en la plaza pública de Uruapan, Michoacán, la ciudad que gobernaba como presidente municipal independiente, Carlos Manzo celebraba la tradicional velada de las ánimas, acompañado de cientos de personas. Era, probablemente el alcalde mexicano más célebre del momento. Se había convertido en unas de las voces más frontales contra el crimen organizado, denunció que las autoridades estatales y federales lo habían dejado solo, expuso en todos los medios posibles que la situación en Uruapan y sus alrededores era insostenible e incluso llegó a ponerle nombre y apellido a los líderes de la extorsión, el secuestro y los asesinatos que tenían a la población viviendo una de las peores crisis en esa ya azotada zona de Michoacán.

Su activismo y sus denuncias lo habían llevado a diversos medios nacionales, con videos y transmisiones en vivo de operativos limitados por la falta de recursos y de elementos para enfrentar solo a los grupos criminales. Las propias autoridades llegaron a burlarse de sus operativos y declaraciones.

Su asesinato dejó un vacío difícil de explicar. Esa noche, con él, murió también una llama de esperanza, la de que aún había quien gobernaba y luchara de frente, con valentía, contra los malos. Un humilde presidente municipal, en un lugar conocido en todo el país a causa de la inseguridad que padece desde hace décadas, con una actitud combativa y digna y el apoyo de la población, sufrió el destino de quien se enfrenta a los poderosos grupos criminales. Su voz fue callada para siempre.

La fiscalía de Michoacán sostiene que fue una venganza del CJNG, reporta 34 detenidos y descarta un móvil político. Aun así, no ha podido acallar el eco de los nombres que el propio Manzo señaló como los líderes políticos detrás de las permanentes amenazas en su contra, nombres que resuenan en los oídos de los michoacanos y siguen alimentando sospechas. La viuda, Grecia Quiroz, quien quedó al frente de la presidencia municipal, ha exigido justicia además de cargar con señalamientos de todo un aparato de Estado que se fue contra ella, usando al propio hermano del finado para atacarla. Entre el cruce de señalamientos, la población ve crecer sus dudas.

La pugna política es la que más nos aleja de la verdad. El control de esa atribulada pero próspera zona es motivo de múltiples jaloneos. Hablamos de la llamada “capital mundial del aguacate”, donde ese cultivo es el principal motor económico, aunque su ubicación, en la transición entre la Tierra Caliente y la Meseta Purépecha, su clima templado y su riqueza hídrica también producen berries, cítricos, café y flores. Esa misma posición la vuelve objeto de la ambición de grupos criminales, que la usan como ruta de tránsito de precursores químicos para drogas sintéticas y productos provenientes de cultivos ilegales. Uruapan conecta con el Puerto de Lázaro Cárdenas y con zonas de difícil acceso, ideales para ocultar laboratorios clandestinos y replegar células operativas. A eso se suma que los miles de millones de dólares anuales que deja el aguacate alimentan un mercado criminal de extorsión y cobro de piso a quienes participan en la cadena del aguacate, el limón y las berries.

¿Cómo sé que nunca sabremos toda la verdad? Porque los grupos criminales que operan en la zona financian a grupos políticos y, al investigar quien mató a Carlos Manzo, tarde o temprano se toparán con ellos. Esa es una puerta que el sistema de justicia mexicano casi nunca abre. Habrá detenidos, habrá expedientes y habrá sentencias, pero la verdad completa no la tendremos.

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