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Diócesis de Culiacán confirma que el sacerdote Clemente Morales fue secuestrado y torturado durante tres días

La Iglesia exige a las autoridades esclarecer los hechos y presentar a los responsables ante la justicia

La Diócesis de Culiacán confirmó que el presbítero Clemente Morales Topete fue víctima de secuestro y tortura durante los tres días que permaneció privado de la libertad, y reclamó a las autoridades que investiguen, identifiquen a los responsables y los lleven ante la justicia.

La confirmación consta en una carta firmada por el obispo Jesús José Herrera Quiñónez y por el secretario canciller, Ramón Alberto Ibarra Ayala, y difundida por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Según el documento, el párroco de Cristo Resucitado, de 67 años, fue “levantado” el sábado 24 de octubre por un grupo de personas que no han sido identificadas y llevado a un lugar que se desconoce. 

Lo golpearon, le provocaron quemaduras y le exigieron información que no tenía. Recibió amenazas de muerte en varias ocasiones hasta que lo liberaron el martes 27 de octubre.

Volvió a la casa parroquial por su cuenta, al volante de su camioneta. Lo atendieron miembros de su comunidad, sacerdotes, un médico y autoridades, y lo trasladaron a una clínica. Presentaba golpes y quemaduras en el cuerpo. 

Las lesiones no ponían en riesgo su vida de inmediato. La carta reporta además afectaciones psicológicas y emocionales por las amenazas.

El sacerdote permanece bajo observación médica. La Diócesis informó que su evolución va bien y que su recuperación requerirá tiempo, cuidados y acompañamiento.

Reclamo a las autoridades

La Diócesis agradeció a las autoridades municipales, estatales y federales los esfuerzos para que el sacerdote volviera con vida y les pidió continuar el trabajo en coordinación para esclarecer los hechos.

La carta expresa preocupación porque, tras más de dos años de desapariciones, privaciones de la libertad, muertes por violencia y, desde hace meses, feminicidios, lo hecho no ha bastado para devolver la tranquilidad. 

“No bastan los discursos ni los datos estadísticos” mientras las familias sigan sufriendo y las personas vivan con temor, señala. Pide reforzar la prevención, la seguridad, la búsqueda de desaparecidos, la procuración de justicia y la atención a las víctimas.

Llamado a quienes generan violencia

El obispo rechazó y condenó la tortura física y psicológica. Afirmó que ninguna circunstancia justifica el maltrato, las amenazas, las agresiones ni la desaparición de una persona.

A quienes generan violencia les pidió “escuchar la voz de su conciencia”, reflexionar sobre el daño que causan a la sociedad y volver la mirada a Dios para detener el derramamiento de sangre. Precisó que la misericordia no elimina la responsabilidad por los actos y que la oración por su conversión no implica aprobarlos.

Llamado a la sociedad

La carta pide mantener la solidaridad y el respeto hacia las víctimas y sus familias. Expresa preocupación porque algunas enfrentan señalamientos, burlas y juicios en redes sociales, e invita a verificar la información antes de compartirla.

Sostiene que la sociedad no puede resignarse a vivir con temor y convoca a familias, instituciones educativas, organizaciones civiles, empresarios, medios y comunidades religiosas a construir encuentro, reconciliación y respeto a la vida. 

Encomienda a Culiacán y a Sinaloa a Nuestra Señora del Rosario. La Iglesia y la ciudadanía no están dispuestas a normalizar el dolor, la incertidumbre ni la pérdida constante de vidas.

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