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ARTES VISUALES: El arte como resistencia y crítica social

Diana Álvarez Mejía

Diana Álvarez Mejía

No es nuevo que el arte se utilice como una herramienta de denuncia social. Las imágenes se han utilizado como una resistencia contra la censura y opresión, así como un reclamo. 

En México —desde el muralismo y el Taller de la Gráfica Popular, pasando por el arte urbano e incluso la ilustración—, los artistas han encontrado en su producción un modo de expresar su disidencia e inconformidad ante las injusticias que acontecen. En décadas recientes surgieron agrupaciones como Proceso Pentágono, Grupo Mira, Tepito Arte Acá y Polvo de Gallina Negra como respuesta ante la marginación social. Estos grupos encarnaron movimientos artísticos con objetivos explícitamente sociales y, principalmente, políticos.

En la actualidad, las artes visuales siguen teniendo un papel de suma importancia como vehículo de protesta, como lo ha sido hoy frente al conflicto entre Palestina e Israel. El pasado 26 de septiembre, la Brigada Muralista Óscar Guzmán, de la Plataforma Común por Palestina, convocó al público a pintar los murales de la Plaza Palestina. Y a pesar de que anteriormente éstos habían sido blanqueados, los convocantes se mantienen firmes generando nuevas jornadas de reposición y protesta. 

Asimismo, en agosto de 2025, artistas como Gabriel Macotela, Jesús Miranda, Boris Viskin, Margarita Nava, Demián Flores, Marcos Límenes y Roberto Tostado,  intervinieron una valla cerca de avenida Insurgentes para protestar contra el genocidio en Gaza.

Son numerosos los ejemplos de cómo el arte ha jugado un papel de desafío ante el abuso de poder; principalmente como resistencia y difusión. En una sociedad donde las palabras muchas veces son insuficientes ,o lamentablemente hay falta de lectura, los artistas han utilizado la creación visual para desafiar gobiernos, denunciar injusticias y dar voz a los silenciados. Por lo tanto, es menester recordar que el arte no sólo tiene fines estéticos: la imagen es memoria que se repite y permanece; y, en tanto más se aleja de esta función, más pierde su valor crítico.

Theodor W. Adorno lo afirmó al pensar el arte más allá de un objeto material. Para el autor alemán, la obra no sólo es lo que dice o representa; sino que gran parte de su valor histórico y social reside en cómo su construcción formal resiste a las falacias ideológicas de la época.

La obra artística es más que un objeto mercantil o de colección; ya que, si bien esta condición es parte constitutiva de ella e incluso son necesarias estas cualidades para su trascendencia, no se puede omitir que el arte pertenece a un contexto sociocultural al cual le debe respuesta, responsabilidad y compromiso, como todo agente social.

La imagen puede impactar de una manera más directa a la sociedad, por ende, debe incorporar disonancia e incomodidad ante un mundo que cada vez está más fracturado. Dentro de su autonomía estética puede ser una posibilidad de generar pensamiento crítico en una población adormecida y administrada; de tal modo que no devenga en propaganda, sino en una introspección que genere un cuestionamiento constante en todo sujeto social.

*Diana Álvarez Mejía. Poeta e historiadora del arte. Tradujo, junto con Antonio Bohorquez, Me mataría en marzo de Hilda Hilst (2023). Ha publicado en Primera Página, Santa Rabia Poetry y Letralia, tierra de letras.
@dianacartesiana

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