Con una impopularidad histórica de 68% (The Economist), Donald Trump y los republicanos corren el riesgo de perder el control del Senado y de la Cámara de Representantes dentro de tres semanas en las elecciones intermedias. Pero sería un grave error ver debilitado a Trump de cara a la negociación comercial con México.
Es muy probable que en la aplazada cuarta ronda de negociación Trump utilice con México la amenaza de imponernos aranceles hasta por 50%, como lo hizo con Canadá por 20 mil millones de dólares.
La debilidad política interna de Trump no se traduce en ventajas para sus socios del T-MEC. México es vulnerable al exportar a EU 80% de su total, contra 75% de Canadá. Si EU cambia las reglas de origen o impone fuertes aranceles, México carece de otro gran mercado al cual acudir.
México tiene 14 TLC´s con 50 países. Su diversificación a los mercados de Oriente o Europa es útil discursivamente ante amenazas arancelarias. Pero cada vez concentra más su comercio con EU, 83 a 85% de enero a agosto.
El resultado de las elecciones intermedias no altera la negociación comercial. Los demócratas son escépticos del T-MEC por falta protección adecuada al medio ambiente y a los trabajadores. A su vez, los republicanos viraron al proteccionismo y el nacionalismo económico.
Trump nunca ha sido un presidente normal, o parecido a sus antecesores. El NYT lo definió como el presidente más impulsivo del siglo. Sigue sus instintos y le importa sobre todas las cosas el control de su propia base MAGA y de los republicanos.
Siempre busca proyectar fortaleza. Ante las encuestas desfavorables de las intermedias del próximo 3 de noviembre, dirá que son falsas. Independientemente del resultado electoral, no se esperan cambios de importancia en su estrategia de gobierno.
Con solo un tercio de apoyo del electorado, Trump es el presidente con más rechazo desde 1940 (2a Guerra Mundial) en que se practican encuestas electorales.
Bill Clinton y Ronald Reagan llegaron a las intermedias con índices de aprobación de 64 y 61%, respectivamente. Clinton perdió las mayorías en el Capitolio por el escándalo de Monica Lewinsky. Barak Obama y George W. Bush estuvieron por debajo de 50%, con 43 y 47%, en el mismo orden.
El partido en la Casa Blanca casi siempre pierde terreno en las elecciones intermedias, como ha ocurrido desde 1938, en las últimas 20 de las 22 elecciones.
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