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El martillo y el clavo

Dice el refrán que quien solo tiene un martillo, a todo le ve cara de clavo. Describe bien lo que le pasa a la política. Un partido vive de las elecciones, de ahí salen su registro, su presupuesto y su influencia e incidencia. Con el tiempo, esa necesidad termina moldeando su mirada; una colonia se vuelve sección electoral, un joven se vuelve votante potencial, un problema de agua se vuelve oportunidad de movilización.

No hace falta mala fe para que ocurra, es natural. Toda persona u organización se especializa en aquello de lo que depende su supervivencia, y esa especialización acaba definiendo lo que alcanza a ver. Le pasa también a las profesiones, el abogado ve riesgos legales, el economista ve incentivos, el ingeniero de sistemas, el cirujano va a querer operar..

Yo estoy muy consciente de que también traigo mi martillo, vengo de empresas y de organizaciones civiles, y tiendo a ver procesos e indicadores donde otras personas ven lealtades, historia y territorio. Más de una vez he creído tener la solución sin considerar el panorama completo.

El costo aparece cuando una sola mirada domina la mesa. Una organización civil suele acercarse a un problema preguntando cómo se resuelve, un partido suele preguntarse cómo se representa. Las dos preguntas son importantes, pero producen cosas distintas. Si las decisiones públicas pasan únicamente por organizaciones entrenadas para competir electoralmente, tendremos cada vez mejores campañas y cada vez menos soluciones probadas.

Reclamarle al martillo que se comporte como martillo sirve de poco. Sin ser economista, creo que vale más fijarnos en los incentivos. Las personas respondemos a lo que se premia, y las organizaciones también. Mientras a un partido solo se le midan votos, pondrá su talento en ganar votos y sentará en la mesa a los mismos perfiles.

Ahí entramos los demás. Quien sabe de OSCs, salud, educación, tecnología o cuidados tiene una forma de mirar que la política necesita; la busca como consulta, en momentos puntuales y a cuentagotas, casi nunca de forma inmersiva. Esperar a que nos inviten también puede ser una forma cómoda de no ir. Lo público se construye llevando a la mesa la herramienta que cada quien sabe usar, pero también aceptando que la propia no alcanza.

Ninguna casa se construye con una sola herramienta, mucho menos un país. La evolución del sistema de partidos politicos pasa por la suma de todas las herramientas y todas las visiones.

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