...

Información para decidir con libertad

Las disputas por el 2 de octubre

Cada año se conmemora el aniversario del 2 de octubre; las lecturas suelen ser diversas y hasta antagónicas, en una disputa por apropiarse de la memoria.

Desde el poder se dicen herederos de aquellas gestas, pero les incomoda la referencia directa a los hechos: la participación militar en la masacre de jóvenes estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Los arreglos del presente les impiden, a los que militan en la 4T, hacerse cargo de cómo la política y los intereses pueden mudar las convicciones y meter algo de bruma al pasado.

La brutalidad del régimen está más que definida y probada: el Batallón Olimpia, el Estado Mayor Presidencial y elementos de tropa desplegados en el lugar son piezas de ese rompecabezas que conforman la imagen de aquella tarde de hace 58 años.

El presidente Gustavo Díaz Ordaz asumió la responsabilidad porque se creía el salvador de la patria, el político responsable que había detenido a los revoltosos azuzados “por el comunismo” y con lazos internacionales.

Y no es que no hubiera intereses extranjeros, claro que existieron, en particular los de la CIA, pero orientados a manipular a grupos de ultraderecha y utilizando a sus socios locales: el propio Díaz Ordaz y Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación, así como el titular de la Dirección Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios, en la operación LITEMPO, como se documenta en los papeles de la agencia de inteligencia dados a conocer por el National Security Archive.

Lo que también está claro, es que les asistía la razón a los jóvenes que exigían libertades democráticas y que trazaban, aunque no lo supieran en ese momento, lo que sería la agenda más relevante en términos políticos, la que, con el tiempo y no sin dificultades, cristalizaría en la democratización del país.

Esa es una de las herencias más notables, que tiene, en términos históricos, a diversos actores en todo el espectro político.

Pero, en la efeméride, destacan biografías y trayectorias.

Por ello importa recordar a Marcelino Perelló y a Luis González de Alba, quienes, cada uno con su estilo y peculiaridades, contribuyeron a construir una sociedad mejor.

Nada se gana o se pierde para siempre y eso es también una enseñanza, no solo del 2 de octubre, sino del propio devenir de las sociedades.

De ahí que sea relevante la disputa por el pasado, el no dejar que nadie quiera apropiarse de un momento, y mucho menos con tergiversaciones, que sigue marcando la vida política del país.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp