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ARQUITECTURA: Sobre las casas de Barragán y sus etapas

Julio Cavallucci


En la década de los cuarenta, Luis Barragán decidió retirarse del desarrollo y de los trabajos por comisión para entregarse al diseño de jardines. Fue entonces cuando comenzó a producir los trabajos más significativos de su carrera, los cuales le valieron el Premio Pritzker 40 años después. La carrera de Barragán antes de ese corte se suele pasar por alto y, aunque en definitiva la contribución más importante que hizo a la arquitectura es lo que produjo a partir de los años cuarenta, su trabajo en los años anteriores es sumamente relevante e indispensable para entender su propuesta.

La obra de Barragán se puede dividir en tres momentos claros. El primer momento, a veces llamado regional, se desarrolla en Guadalajara y se caracteriza por una fuerte influencia de la escuela tapatía, con elementos estilísticos y ornamentales todavía muy marcados, así como referencias muy claras a la arquitectura árabe, mediterránea y hacendosa.

El segundo momento, a veces llamado moderno, se desarrolló principalmente a la llegada de Barragán a la Ciudad de México en los años treinta. Los edificios producidos en esta etapa se caracterizan por una postura casi opuesta a la anterior, con un lenguaje por completo depurado del ornamento y más claramente influenciado por las ideas de Le Corbusier. Éste es uno de los periodos que cuenta con mayor cantidad de edificios, la mayoría de ellos también en la capital, en específico en la alcaldía Cuauhtémoc. Es después de esta etapa cuando decide 'retirarse', aunque ya sepamos que eso no sucedió.

El tercer y último periodo, también llamado etapa emocional, es al que que pertenecen edificios como la Casa Ortega, su Casa Estudio y la Casa Gilardi. Podríamos
decir que en esta etapa su propuesta concilia los dos momentos anteriores y logra domesticar la hacienda mexicana para traerla al imaginario moderno y contemporáneo.
Barragán logró empatar estos dos momentos, aparentemente incompatibles, en un solo lugar donde se encuentran la escuela tapatía y Le Corbusier, el monasterio franciscano y
Mathias Goeritz, el rancho jalisciense y Josef Albers.

A través de las tres etapas podemos notar muchas diferencias y similitudes, algunas más evidentes —que pueden tener que ver con la apariencia formal o el manejo del color— y otras menos evidentes —que se relacionan con la concepción del espacio doméstico o la articulación del programa arquitectónico—. Lo que queda claro es que no tendríamos el último periodo sin la existencia de los dos anteriores, y que todos en conjunto contienen apuntes, notas y correcciones que son apreciables de una casa a la otra. El principal
archivo y proceso en el trabajo de Luis Barragán no es el que se pueda encontrar en planos o maquetas, sino el que se descubre entre sus propios edificios.

*Julio Cavallucci. Arquitecto por la Universidad La Salle. Ha trabajado en Zeller & Moye, Cano Vera y Taller ADG. Desde 2021, colabora como profesor asistente del taller Palimpsest Barragán de la Architectural Association.

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