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DISCUSIÓN: Prohibición vs ciudadanía digital de niñas, niños y adolescentes 

La prohibición del acceso al mundo digital a las niñas, niños y adolescentes no elimina los peligros, sino que los desplaza a redes ocultas. Es necesario incentivar el uso responsable de la tecnología, así como construir ciudadanía digital: acompanándolos y educándolos para identificar riesgos, estableciendo acuerdos familiares y escolares, y exigendo responsabilidad a empresas y gobierno , en lugar de castigar el acceso a dispositivos.

Angie Contreras

México se sumó a una conversación urgente. El Gobierno Federal emitió el 22 de septiembre el Acuerdo 09/09/26 para garantizar los derechos de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en la interacción, uso responsable y seguro de los dispositivos digitales personales, así como de tecnologías de aprendizaje en las escuelas públicas y particulares del Sistema Educativo Nacional. El acuerdo estipula que:

1.- En los niveles de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, se establece la restricción del uso de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y electrónicos personales para las niñas, niños y adolescentes estudiantes, durante toda la jornada escolar, por lo que sólo se podrán utilizar para fines educativos previamente programados, esto es, que su uso debe tener una intencionalidad pedagógica, bajo la orientación de las y los docentes. Asimismo se podrán emplear en casos de emergencia personal; por motivos de discapacidad, accesibilidad e inclusión; necesidades de salud, particulares y extraordinarias de las comunidades educativas.

2.- En educación media superior, se fomentará el uso responsable y seguro de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y electrónicos personales. Se limitará su uso no pedagógico durante la jornada escolar de acuerdo con las características, necesidades y contexto de cada institución, mediante un proceso de consulta, diálogo y construcción de acuerdos con la comunidad educativa. De igual manera, se podrán utilizar en casos de emergencia personal por motivos de discapacidad, accesibilidad e inclusión; necesidades de salud, particulares y extraordinarias de las comunidades educativas.

3.- En el nivel superior, se promoverá el uso responsable y seguro de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y electrónicos personales durante toda la jornada escolar, conforme a los acuerdos de cada comunidad educativa en términos de las disposiciones de las autoridades educativas competentes y las instituciones de educación superior.

(Recomiendo leer los Anexos 1, 2 y 3 del acuerdo pues propone decálogos para el uso de los dispositivos en cada nivel escolar). 

El viernes 18 de septiembre, Mario Delgado, secretario de Educación Pública, anunció que, durante la tercera reunión nacional plenaria extraordinaria del Consejo Nacional de Autoridades Educativas, se logró un acuerdo unánime para regular el uso de celulares en las aulas. Semanas atrás, todos los lunes de agosto, en las ruedas de prensa matutinas del Gobierno Federal, la presidenta Claudia Sheinbaum habló sobre el tema e invitó a una serie de especialistas a discutirlo. 

Tengo más de seis años recorriendo escuelas secundarias, preparatorias y algunas primarias (en su mayoría públicas), y me he encontrado con muchas realidades que las personas adultas solemos ignorar. Quiero compartir una serie de reflexiones: ideas surgidas desde el salón de clases y tras escuchar mucho a niñas, niños y adolescentes, así como a sus madres y maestras. 

Claro que hay riesgos y violencias —lo sé—, y lo veo en cada escuela a la que asisto, por lo que la solución no puede ser sólo prohibir. Debe venir acompañada de una estrategia colectiva donde se involucre a todos los grupos: las familias, la escuela, la sociedad civil, las empresas y el sistema de justicia, entre otros actores. Según los datos de la encuesta de ECPAT, INTERPOL y UNICEF (2026), “Disrupting Harm in Mexico: Evidencia sobre el abuso y la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes facilitados por la tecnología”, la forma más común de abuso y explotación sexual facilitados por la tecnología que sufrieron niñas, niños y adolescentes fue la exposición no deseada a imágenes sexuales (con una prevalencia del 7%).

Es irónico. Queremos prohibir a las niñas, niños y adolescentes que accedan a una red social cuyo uso violento lo generan los adultos (grooming, material de abuso sexual infantil, etc.). ¿Vamos a ‘sacarlos’ de todo espacio peligroso? Entonces valdría que no vayan ni a las escuelas ni parques ni a casa. Las niñas, niños y adolescentes se relacionan en un mundo atravesado no sólo por físico sino también por lo digital, y no podemos pensar que, quitando un problema, se resuelve el otro. 

¿Qué pasa cuando a niñas, niños y adolescentes se les prohíbe el uso de dispositivos tecnológicos? Se conectan, crean perfiles con otra identidad y acceden a otras redes sociales y plataformas que las personas adultas no conocemos e incluso de cuya existencia tampoco sabemos. Los riesgos no se eliminan al prohibir; al contrario, incrementan y se trasladan a otras redes que carecen de normas y reglas comunitarias. Surgen prácticas de mayor riesgo pero en el silencio total: para las niñas, niños y adolescentes, decirle a la madre o al padre que están viviendo una violencia en redes o en un videojuego, cuando ya les habían indicado que no abrieran un perfil, es mucho más arriesgado que ver el final de un K-drama.

A las personas adultas las redes sociales, Internet, las plataformas y la tecnología nos encontraron cuando estudiábamos una carrera o cuando nos dejaron en el trabajo esa máquina cubierta de plástico que teníamos que aprender a usar o nos corrían. Para nosotros, la relación con el teléfono termina cuando concluye nuestra jornada laboral y el resto del día nos reímos, compartimos reels y memes. Para las niñas, niños y adolescentes la relación cambia: su identidad se construye entre lo que ven en la pantalla y su interacción con quienes socializan también sucede ahí. Lo que pasa fuera del monitor tiene efectos en la forma en la que conviven con sus compañeras y compañeros de escuela, con sus amistades; todo se relaciona y tiene ‘todo que ver’ con lo que viven dentro del mundo digital.  

Por eso prohibir —y creer que, con ello, se resolverá una problemática tan compleja y estructural— resulta una visión muy punitiva y conservadora. Castigar el celular a las niñas y niños, gritarles que lo suelten no resolverá el bullying, la deserción escolar, la salud mental que enfrentan, la falta de aprendizaje y el acoso sexual. Son problemas que seguirán con o sin celulares en las aulas. Este debate no se trata sólo de regular o prohibir los dispositivos en los entornos escolares; se trata de entender la escuela como constructora de ciudadanía digital y de la educación como herramienta para el cambio social. 

¿Pero por qué no hablamos de ciudadanía digital? Ser ciudadana y ciudadano no sólo se adquiere al llegar a la mayoría de edad: es el resultado de una serie de aprendizajes, información y acompañamiento. La apuesta no debe ser regular por regular —o, en su caso, prohibir—, la apuesta debería consistir en hablar de límites a los celulares y tabletas en el salón de clases, y acompañar esta medida de herramientas e información para que las niñas, niños y adolescentes puedan identificar riesgos, usen las redes sociales y plataformas de forma responsable, eviten las herramientas digitales para violentar o discriminar,  identifiquen el contenido manipulado y verifiquen la información.

La pregunta que escucho de manera consistente, cuando voy a una escuela y platico con mamás, papás, personal docente y otros responsables de crianza, es entonces qué se hace. ¿Cómo cuidamos a las niñas, niños y adolescentes? 

La clave es acompañar. Hay toda una responsabilidad en el diseño de programación que recae en las empresas, en la implementación de políticas públicas y programas que pongan en el centro a las niñas, niños y adolescentes. Todo ello es responsabilidad del Estado; desde la casa y la escuela, el deber es acompañar y compartir herramientas e información para el uso responsable de la tecnología. Acompañar no es sólo estar presentes, implica:

- Preguntar si no conocemos de qué trata un videojuego, red social o plataforma. Tener información nos ayudará a brindar mejor información a niñas, niños y adolescentes. 

- Informarnos y actualizarnos. La tecnología avanza muy rápido y es necesario permanecer al día.

- Conocer las redes sociales, plataformas y creadores de contenido que más les gustan. Seguramente no nos agradará el contenido de un creador. Pero, en lugar de censurar, expliquemos mejor por qué ese contenido se burla de las personas o discrimina, etc. 

- Entender su lenguaje. Niñas, niños y adolescentes tienen códigos de comunicación; usan, por ejemplo, palabras, expresiones y emojis. No significa que empecemos a hablar como ellos, pero saber el significado —pienso en palabras como fomo o cringe— nos ayudará a estar atentos ante situaciones de riesgo. 

- Escuchar y no juzgar. Nuestro mayor miedo es que algo les ocurra a nuestras hijas e hijos; por eso, cuando nos cuenten una situación de violencia, escuchemos, preguntemos, no les juzguemos y preguntemos cómo se sienten y qué quieren hacer. 

- Lo digital es real. Tal vez para mí, como persona adulta, lo digital es una pantalla; pero, para ellas y ellos, lo digital es su vida y lo que viven ahí también les afecta. 

- Establecer acuerdos y límites. Como familia, debemos consensuar el tiempo de uso de pantallas, horas de desconexión y actividades fuera de la pantalla. Se deben cumplir los acuerdos por todos los miembros de la familia y, si alguien los rompe, se debe imponer un límite y replantear los acuerdos previos.

Podemos enseñar desde el salón de clases que Internet y las redes sociales son herramientas útiles, sin olvidar  que siempre debe existir comunicación, confianza y mucho diálogo con mamá, papá y docentes. El acuerdo como propuesta funciona, pero la prevención no basta. Es importante incorporar a otros actores:

1.- La escuela no puede ser un espacio donde se prohíba. La escuela debe ser un espacio para crear pensamiento, así como para dar herramientas, cuestionar, reflexionar y proponer. Una escuela que enseña desde la prohibición, ¿qué clase de ciudadanía está construyendo? 

Si otorgamos toda la responsabilidad a la escuela, ¿entonces cuál será el presupuesto para la formación de las y los docentes para abordar los entornos digitales?, ¿se contará con personal especializado en cada plantel para trabajar la prevención y la salud mental del alumnado?, ¿se revisarán los protocolos escolares para incluir el tratamiento de casos de acoso y violencia digital? 

2.- Madres, padres y responsables de crianza. Cuidar no es sólo acompañar en la enfermedad: es también brindar herramientas para el autocuidado y el cuidado colectivo. Los entornos digitales no deben ser ajenos a ellos. Considerando la brecha de acceso al mundo digital de las personas adultas, ¿cómo incorporamos a madres, padres y responsables de crianza en la conversación?, ¿cómo les damos herramientas para criar en tiempos digitales?, ¿cómo acompañamos a esas madres, padres, abuelas y tías, que tienen que criar a niñas, niños y adolescentes en un entorno desconocido?

3.- Un actor ausente en el acuerdo son las empresas a través de sus plataformas y redes. ¿Cómo llega una madre o un padre a reportar a TikTok? Debemos obligar a las empresas a que transparenten sus procesos, sean eficientes en el tiempo de respuesta, tengan mecanismos claros de apoyo a autoridades de seguridad y justicia y, sobre todo, revisen la programación algorítmica de sus productos. 

4.- La responsabilidad del gobierno de generar las medidas preventivas y el acompañamiento necesario, comenzando por las denuncias para alcanzar la justicia, reparación y garantías de no repetición. 

Es también responsabilidad de los gobiernos que las instancias encargadas —como la policía cibernética, las unidades de atención sexual y dependencias de la juventud y mujeres— estén capacitadas y sensibilizadas en el tema.

5.- Niñas, niños y adolescentes. Claro que nos preocupa la seguridad de las niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales, pero estamos regulando, prohibiendo y creando acuerdos sin ellas y ellos. Tal vez deberíamos dar tres pasos atrás y preguntarles también. Es derecho de ellas y ellos participar, ser escuchadas y escuchados, y proponer las acciones, leyes y políticas que les afectan directamente.

Les invito a llevar la conversación a la mesa, conversar con otras madres, padres y docentes, proponer el tema en la junta escolar y buscar información. Porque quizá escuchando a otras personas encontremos alianzas para acompañarnos como personas adultas  y acompañar a su vez a niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales.

*Angie Contreras. Vegetariana, amante del café y consultora en derechos digitales. Es integrante de la Asociación Civil Cultivando Género y vocera del movimiento Mujeres Vivas Mujeres Libres.
@AngieConter

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