Mientras China presentó la reunión como un nuevo capítulo bilateral, analistas estadounidenses cuestionaron la profundidad de los acuerdos
Mientras China presentó la reunión como un nuevo capítulo bilateral, analistas estadounidenses cuestionaron la profundidad de los acuerdos

La visita de Estado de Xi Jinping a Washington, del 23 al 25 de septiembre, terminó con acuerdos comerciales, nuevos mecanismos de cooperación y declaraciones de estabilidad estratégica. Sin embargo, como destacó The New York Times, detrás de los honores militares y los elogios recíprocos permanecen las profundas diferencias entre las dos mayores potencias económicas del mundo: Taiwán, la supremacía tecnológica, el comercio y sus intereses contrapuestos en distintos escenarios internacionales.
Donald Trump recibió al presidente chino con un despliegue excepcional: revista militar, sobrevuelo de bombarderos B-2 y cazas F-22, cena en la Casa Blanca y una visita conjunta a los Archivos Nacionales. Xi correspondió con un discurso conciliador, en el que sostuvo que el desarrollo de China y el propósito de Trump de devolverle la grandeza a Estados Unidos podían avanzar simultáneamente.
Era la primera visita de un presidente chino a la Casa Blanca en más de una década. La reunión dio continuidad al encuentro que ambos mandatarios habían celebrado en Pekín en mayo, cuando establecieron mecanismos bilaterales para administrar sus diferencias comerciales.
La Casa Blanca presentó los resultados como avances sustanciales en la relación bilateral. Según su comunicado oficial del viernes, ambos gobiernos acordaron recomendaciones para otorgar un tratamiento arancelario más favorable a mercancías no estratégicas por valor de 30 mil millones de dólares en cada dirección. China se comprometió, además, a importar al menos 10 millones de toneladas de carbón estadounidense tanto en 2027 como en 2028.
Washington y Pekín también continuarán las negociaciones sobre tierras raras y minerales críticos, mientras un nuevo grupo de trabajo buscará resolver los obstáculos al acceso de productos agrícolas a sus respectivos mercados.
En materia de seguridad, la administración Trump destacó las nuevas restricciones chinas a la exportación de dos precursores químicos utilizados para fabricar fentanilo, así como la detención, en agosto, de 21 ciudadanos chinos acusados de participar en su producción y distribución ilícitas.
La reunión produjo asimismo un acuerdo para establecer un diálogo bilateral sobre los riesgos de la inteligencia artificial, denominado por ambos gobiernos superinteligencia. Sin embargo, como destacó The Guardian, no se alcanzó ningún compromiso para limitar la competencia tecnológica entre las dos potencias.
La prensa china puso el acento en un aspecto distinto al de buena parte de los análisis occidentales. El diario Global Times, cercano al Partido Comunista, presentó la reunión como el comienzo de una nueva etapa histórica y destacó el reconocimiento de la igualdad, el respeto y la reciprocidad entre ambas potencias.
El ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, explicó que la reciprocidad significa que ninguno de los dos países debe colocarse por encima del otro ni recurrir a prácticas hegemónicas. También pidió a Washington un trato equitativo para las empresas chinas.
La agencia oficial Xinhua destacó ocho resultados de la visita, entre ellos los mecanismos comerciales, la cooperación antidrogas, el diálogo sobre inteligencia artificial y el compromiso de avanzar hacia un acuerdo entre las fuerzas armadas para mejorar las comunicaciones durante las crisis.
Este último mecanismo, todavía pendiente de formalización, adquiere especial relevancia ante los riesgos de un incidente militar en el Pacífico.
Desde Rusia, la agencia TASS recogió las declaraciones de Xi sobre la nueva etapa de estabilidad estratégica y la satisfacción expresada por ambos presidentes. También reprodujo la evaluación de la televisión estatal china, que calificó la visita de exitosa, y las declaraciones de Trump, quien aseguró que se había avanzado en todos los asuntos, sin ofrecer detalles adicionales.
Las coberturas de TASS se concentraron en las declaraciones oficiales y el desarrollo de la visita, sin presentar el acercamiento entre Washington y Pekín como un cambio en la alianza estratégica entre Rusia y China.
Taiwán continúa siendo uno de los principales puntos de fricción. Durante la reunión, Xi reiteró que la reunificación nacional y la integridad territorial constituyen intereses fundamentales de China y pidió a Estados Unidos que mantenga su oposición a la independencia taiwanesa. No se anunció ningún acuerdo que modificara sustancialmente las posiciones de las dos partes sobre la isla.
Tampoco hubo un acuerdo para resolver la disputa por los semiconductores avanzados, las restricciones a las empresas tecnológicas chinas o el control de las tierras raras. El nuevo diálogo sobre inteligencia artificial permitirá intercambiar información sobre riesgos y posibles incidentes, pero no establece límites a la competencia por el liderazgo tecnológico.
En el terreno internacional, los presidentes coincidieron en que Irán no debe desarrollar armas nucleares y en que no deben imponerse peajes al tránsito por las vías marítimas internacionales. También abordaron Rusia, Corea del Norte y otros asuntos de seguridad, sin anunciar soluciones a los conflictos en curso.
La dimensión económica ayuda a explicar la disposición de ambos gobiernos a mantener abierta la negociación. Reuters señaló, antes de la cumbre, que Xi llegaba a Washington con una posición comercial fortalecida por el crecimiento de las exportaciones chinas. Según los analistas consultados por la agencia, prolongar la tregua comercial permitiría a Pekín ganar tiempo, mientras Trump afronta otros conflictos internacionales y sus propias prioridades económicas.
Por su parte, PBS NewsHour recogió las críticas de especialistas económicos como Scott Lincicome, del Cato Institute, quien consideró que la espectacularidad de la visita contrastó con la ausencia de soluciones de fondo. Diplomáticos consultados por el medio señalaron que el encuentro también permitiría a China ganar tiempo frente al segundo mandato de Trump sin otorgar concesiones comerciales significativas.
La visita deja dos interpretaciones diferentes. Para la Casa Blanca, los compromisos comerciales, la cooperación contra el fentanilo y los nuevos canales diplomáticos constituyen resultados concretos. Para el gobierno chino, el significado político está en el reconocimiento de una relación basada en el respeto mutuo y en la posibilidad de administrar la competencia sin convertir cada desacuerdo en una crisis.
Entre los analistas occidentales persiste una interpretación cautelosa. Investigadores del Center for Strategic and International Studies (CSIS) han señalado la importancia de las diferencias sobre Taiwán, Irán y los semiconductores para el futuro de la relación bilateral. La distensión no elimina la competencia por la supremacía económica, tecnológica y militar.
El siguiente examen de la relación llegará pronto. China será anfitriona de la reunión de APEC en noviembre y Estados Unidos de la cumbre del G20 en diciembre. Ambos presidentes expresaron su intención de asistir a los respectivos encuentros. Para entonces podrá comprobarse cuánto de lo acordado en Washington se ha convertido en medidas efectivas y cuánto permanece en el terreno de las declaraciones diplomáticas.
La visita de Xi no puso fin a la rivalidad entre China y Estados Unidos. Abrió, en cambio, una nueva etapa de negociaciones en la que ambas potencias intentarán combinar la competencia estratégica con una relación económica que ninguna de las dos está dispuesta a romper.
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