Luis Xavier López-Farjeat
Uno de los grandes mitos que la irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha difundido es que el trabajo de los traductores se ha vuelto innecesario. Así sucede, en efecto, con textos muy elementales. La IA aplica la gramática y la sintaxis de casi todas las lenguas, incluso mejor que sus propios hablantes. Sé de dos casos que al menos por ahora son la excepción: el siríaco y el farsi. Si bien la IA se ha apoderado de nuestras lenguas y de nuestros lenguajes, hay textos y formas de expresión tan complejos como la propia mente humana. Hay textos intrínsecamente arduos e intencionalmente ambiguos. Tal es el caso, por ejemplo, de la poesía mística. Si uno le pregunta a la IA por el sentido y el significado de una metáfora mística, arrojará una interpretación coherente, articulada e incluso verosímil. Si el usuario está cualificado, sabrá presionar a la IA con las instrucciones y preguntas adecuadas (los prompts) para ampliar los posibles significados. Pero esa clase de palabras multivalentes no admite lecturas inequívocas. Los contextos pueden, de hecho, variar su sentido. Si los lectores buscan significados unívocos, su aproximación a los poemas será parcial e incompleta.
Se mantiene en la poesía mística una tensión entre varios niveles de significado: humano y divino, erótico y espiritual, visible e invisible, presencia y ausencia. Sin embargo, esa multiplicidad no implica que cualquier interpretación sea válida; significa que la metáfora poética no funciona como un código rígido y cerrado en el que cada imagen tiene una única traducción. El lector debe prepararse para navegar en la sana ambigüedad, para ahondar en metáforas y analogías sin que su sentido se precipite hacia la indeterminación infinita o la indefinición absoluta. Se trata de reconocer la confluencia de diversas resonancias en las palabras. No existen en los poemas místicos equivalencias fijas, sino más bien significados legítimos aplicables a determinados contextos y abiertos a la variación. La lengua farsi permite una enorme ambigüedad y múltiples significados en una sola palabra, lo cual se pierde al elegir un único término al traducir. Cuando Rumi, por ejemplo, utiliza la palabra bāda (vino) o jarābāt (taberna), su significado no es literal. El vino representa una forma de éxtasis divino; la taberna, el lugar donde el yo se disuelve para hacerse uno con lo sagrado. Si uno lee la traducción al inglés de Coleman Barks, la taberna se entiende como un bar cualquiera; el vino como una metáfora del amor romántico o de la libertad personal. Coleman Barks convierte a Rumi en un poeta del New Age.
No sólo es complicada la traducibilidad de las metáforas poéticas. También hay metáforas políticas. En un reciente artículo de Farah Mokhtareizadeh, Who Names the World? Anti-Imperialism and Iran’s Political Prisioners, la autora se refiere a una metáfora empleada en farsi por el activista laboral y antiguo preso político Keyvan Mohtadi: “los presos iraníes se encuentran entre las dos hojas de unas tijeras”. Una hoja es la represión del Estado iraní; la otra, la agresión militar extranjera. Mokhtareizadeh insiste en que la metáfora no afirma que ambas fuerzas sean equivalentes en términos históricos; sería, por lo tanto, erróneo entenderla como si sugiriera que los presos iraníes viven bajo una ‘doble condena' reconocible para un observador externo. La metáfora de las tijeras indica que ambas hojas se cortan entre sí. Aunque Mokhtareizadeh admite que existe una clara asimetría entre el poder estadounidense-israelí y el Estado iraní, ello no vuelve políticamente inexistente la represión interna. Un preso, una trabajadora, una feminista o un activista kurdo puede oponerse a una guerra imperial y, al mismo tiempo, al aparato estatal iraní. Esa posición no constituye neutralidad ni equidistancia: es una posición política autónoma que ninguno de los dos Estados agota. Es llamativo, por lo tanto, que académicos, periodistas y opinadores autodeclarados de izquierda condenen la agresión estadounidense, pero no el autoritarismo del gobierno iraní.
Un Estado, sostiene Mokhtareizadeh, puede resistir la agresión de una potencia imperial y, a la vez, reproducir dominaciones de clase, de género, de nacionalidad y de encarcelamiento. La resistencia geopolítica de un Estado no lo convierte en el propietario exclusivo de la agencia revolucionaria de su población. Los alcances de la metáfora política de las tijeras no son intrascendentes. Uno de sus efectos inmediatos es la invitación a no pensar en este conflicto de forma dicotómica: aquí no hay regímenes buenos y malos ni víctimas y opresores. Las dicotomías no sirven para entender un conflicto de estas proporciones.
Volvamos al caso de la poesía sufí: ¿es mística o profana? Ni una ni otra, sino ambas y a la vez. Las metáforas religiosas pueden adquirir funciones estéticas y contener resonancias profanas. Hace falta romper con las dicotomías. Mokhtareizadeh enfrenta una estructura dicotómica semejante, aunque en el campo político: o se denuncia el imperialismo y se suspende la crítica al Estado iraní, o se denuncia la represión iraní y se queda inevitablemente del lado del imperialismo. Ese dilema surge porque dos relaciones distintas son obligadas a ocupar una sola escala política. El preso iraní no está ‘a medio camino’ entre dos Estados: se encuentra sometido a fuerzas distintas, simultáneas y asimétricas. De ahí la metáfora de las tijeras.
Las metáforas rechazan un código único de interpretación que agote su significado. La poesía sufí es mística y profana al mismo tiempo; del mismo modo, Mokhtareizadeh rechaza que una sola contradicción geopolítica agote la posición del sujeto político. Si bien una cosa es la ambivalencia poética y otra la política, en ambos casos la relación entre dos dimensiones no exige ni la identificación ni la eliminación de ninguna de ellas.
Vuelvo a las traducciones. Si uno le pide a la IA que traduzca metáforas poéticas, notará cierta tendencia a establecer equivalencias alegóricas rígidas. Es difícil que la IA se percate por sí misma de aquello que un poema místico muestra y, a la vez, oculta. Con la metáfora política de las tijeras sucedería algo comparable. Las tijeras permiten pensar la simultaneidad sin afirmar la equivalencia y expresan una posición que no cabe en la alternativa entre apoyar al Estado iraní y apoyar la agresión extranjera. Pero sobre todo esa metáfora otorga peso al testimonio del preso político. Los iraníes, sostiene Mokhtareizadeh, pueden ser escuchados, citados y defendidos, pero siguen privados de “agencia epistemológica” si su experiencia sólo se vuelve inteligible tras ser traducida a categorías externas como el abolicionismo estadounidense, el antiimperialismo metropolitano, la geopolítica del Estado iraní y el liberalismo de derechos humanos.
La poesía sufí produce un lenguaje multivalente para la experiencia mística y resiste su reducción a códigos alegóricos rígidos y cerrados. De alguna forma, y sin pretenderlo, Mokhtareizadeh plantea una exigencia semejante al terreno político: las palabras de los presos iraníes no deben funcionar como simples testimonios incorporados a teorías elaboradas desde fuera, sino que deben ser reconocidas como producción conceptual capaz de transformar el significado mismo del antiimperialismo y de la solidaridad. Dicho más brevemente: mientras que en la poesía mística las palabras velan y revelan una realidad, en la política habría que preguntarse quién conserva el poder de decidir qué realidad revelan.
*Luis Xavier López-Farjeat. Filósofo y ensayista. Editor de Tópicos, Revista de Filosofía (https://revistas.up.edu.mx/topicos)y subdirector de Conspiratio (https://www.conspiratio.mx). Acaba de publicar el libro Filosofía islámica. Una introducción temática, editado por el Fondo de Cultura Económica.
@piunskyr