Culiacán, Sin.- ¿Es México un narcogobierno? El gobierno mexicano repite insistentemente que no. Que todo lo que dice el gobierno norteamericano y su presidente, Donald Trump, son mentiras.
¿Pero qué pasa cuando los mismos grupos del narco exhiben a representantes del gobierno, entre ellos militares, jefes policiacos, funcionarios públicos, entre otros? ¿Cómo desestimar las acusaciones de que hacen públicas a través de narcomantas donde señalan unos y otros que figuras del gobierno trabajan para un bando o para el otro?
Trump podrá decir en la ONU que México es el epicentro de los cárteles y Sheimbaum podrá desestimarlo -ahora ya se quedó callada-, pero qué podrá decir cuando quien los exhibe con nombre, apellido y rangos o puestos dentro de la esfera del gobierno, son los propios narcos. ¿Qué podrá decir la presidenta?
En el sur de Sinaloa aparecieron narcomantas en varios puntos donde una facción del Cártel del Sinaloa señala a jefes militares y policiacos de trabajar para la otra facción.
Pero todavía más. Este señalamiento y exhibición pública, pareciera la segunda parte o una actitud desesperada de una facción quien al parecer -según se filtró- ya había hecho la denuncia en lo corto ante el propio gobierno a quien le ordenó cambios de los jefes militares en Sinaloa.
Hace unas semanas atrás, el periodista Juan Manuel Partida publicó en exclusiva, información al parecer filtrada por la misma milicia, que un grupo del Cártel de Sinaloa había ordenado a la misma presidenta Claudia Sheinbaum el cambio de jefes militares en la Novena Zona Militar con sede en Culiacán y en la Tercera, con sede en Mazatlán, pero con jurisdicción en Sinaloa y Durango.
Fueron tantos los detalles filtrados que el gobierno federal terminó por dar marcha atrás. Eso sí, la exhibida no se la pudo quitar.
Hoy en el sur de Sinaloa -municipios de Mazatlán, Rosario, Escuinapa y Concordia- un grupo del Cártel de Sinaloa colocó narcomantas, con las cuales le pide a Sheinbaum y a Harfuch que investiguen los nombres expuestos, porque están al servicio del otro grupo.
Incluso, en la narcomanta los llaman “traidores a la patria” por estar al servicio de sus contras.
Pero en la historia reciente van muchas narcomantas donde un grupo u otro exhibe la infiltración del gobierno.
En agosto de 2026. Se reportó la colocación de mantas en Culiacán dirigidas de forma intimidatoria contra mandos y tenientes de infantería específicos del Ejército, señalándolos de favorecer a células delictivas locales.
En enero de 2025. Facciones del Cártel de Sinaloa colgaron mensajes dirigidos al gobierno federal denunciando presunta corrupción militar en zonas como Elota y San Ignacio, alegando desequilibrio en los operativos federales.
En agosto de 2025. Tras la captura de Ismael El Mayo Zambada, sus declaraciones y posterior proceso judicial en Estados Unidos formalizaron la denuncia pública de que su organización pagó sobornos millonarios durante décadas a policías, militares y políticos de alto nivel de diversas administraciones para operar libremente.
Octubre de 2024. En el inicio de las pugnas internas del Cártel de Sinaloa, un grupo desplegó decenas de mantas en Culiacán para denunciar públicamente a mandos policiales y funcionarios que presuntamente daban protección institucional a sus opositores.
Y así como estas narcomantas, también se han tirado volantes en los cuales se denunció y exhibió a Rubén Rocha y a Enrique Inzunza de estar coludidos con uno de los grupos. Valga, hasta en la CDMX se colocaron mantas en contra de estos personajes.
¿Entonces qué ha dicho el gobierno en contra de estas revelaciones y exhibidas? “Que no hay pruebas”. Fuera de eso no ha dicho nada y solo quita las mantas para tener un control de daños menor.
Todo esto descrito parece de película o de una serie de Netflix, pero es la cruda y trágica vida real de Sinaloa y de los sinaloenses.
Ahora no lo dijo Trump ni Ron Johnson, sino lo exhibieron los propios narcos. ¿Qué dirá la presidente ahora? También se quedará callada.
Habrá que estar pendientes.
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