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Lecciones de Oriente

Lo escucho, lo veo y lo leo cada vez más seguido. “Occidente va en decadencia”. Hay variaciones en la alerta, pero la idea es esa, estamos perdiendo.

En los tiempos cada vez más inciertos de los que somos testigos, la preocupación parece justificada, pero la idea no creo que tanto. Después de todo, ¿cuáles son esos valores occidentales que se desgastan cada vez más?

Creo, o espero, que se hable de tolerancia, pluralismo, diálogo y demás derechos de las minorías que florecieron (eso es innegable) en esta parte del mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero caer en esa costumbre de creer que los valores democráticos, y los grandes avances de la humanidad en general, sólo pueden darse en Europa y en América del Norte es un error que no nos cansamos de repetir.

No faltará quien diga (con razón) que las mujeres, las oposiciones políticas o algunos grupos religiosos sufren una discriminación constante en países del Medio Oriente, lo que no quita que dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Una revisión rápida nos demuestra que las libertades también tardaron en asegurarse en la parte del mundo que se considera “más abierta”.

Sólo hay que recordar que Misisipi, el último estado en ratificar la enmienda con la que se prohibió la esclavitud en Estados Unidos, lo hizo hasta 1995. El trámite legal tuvo que esperar hasta 2013 para ser completado. Lo que quiero decir es que tampoco somos perfectos.

Y es que hay hechos que nadie cuestiona pero que se repiten hasta el cansancio. En la escuela me enseñaron que Gutenberg inventó la imprenta y que el primer libro que estampó de forma masiva fue la Biblia, en 1455.

Poco más de 580 años antes, monjes budistas en China ya usaban bloques de madera tallados  y que usaban para publicar libros en papel de arroz, y el verdadero primer libro impreso que se conserva es el Sutra del diamante, publicado en el 868. 

Siempre es difícil cambiar una mala costumbre, peor aún, una creencia tan esparcida. Lo peor es que aún en años recientes seguimos ignorando las enseñanzas que soplan desde el Oriente.

Una de ellas, tal vez la más importante en el pasado reciente, nos la dieron a finales de 2024 cuando ciudadanos surcoreanos dieron una auténtica cátedra de lo que se tiene que hacer si se quiere mantener viva la democracia en un país.

En diciembre de ese año, el entonces presidente Yoon Suk-yeol intentó imponer una ley marcial de emergencia. Asfixiado por la oposición, además de que se dio a conocer que su esposa estaba metida en manipulación de acciones, tomó medidas desesperadas.

El ejército y la policía intentaron tomar la Asamblea Nacional en Seúl, lo que provocó que miles de ciudadanos salieran a las calles para exigir a los legisladores que bloquearan esta medida autoritaria.

Lo lograron, 190 parlamentarios lograron entrar al congreso para echar abajo la ley y Suk-yeol fue condenado a cadena perpetua en enero de 2026 por liderar una insurrección.

Y en cuanto al siempre conflictivo Medio Oriente, Amartya Sen recordó en El valor de la democracia que esto no siempre fue como lo vemos ahora.

“Cuando el filósofo judío Maimónides fue forzado a emigrar de una Europa intolerante en el siglo XII, encontró refugio en el mundo árabe, que se mostró más tolerante, y de hecho ocupó un cargo influyente y honroso en la corte de Saladino en El Cairo, el mismo Saladino que peleó arduamente por el Islam en las Cruzadas”.

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