La presidenta Sheinbaum viajó a Chihuahua en una gira de campaña en favor de Morena y rechazó una reunión con la gobernadora del estado, Maru Campos, para hablar sobre dos temas de trabajo.
No le hablen de trabajar, y menos en estados donde la población ha votado por gobernadores que no son de Morena.
Ella va donde le aplauden los acarreados por su partido (medio kilómetro de autobuses con mantas de Morena en el mitin de Irapuato contó el cronista de Reforma, Jorge Ricardo) y sus temas son de campaña, no de trabajo.
Por su desconexión con el trabajo, que delega, el viernes presumió el “aseguramiento de combustible, muy importante", de 59 millones de litros, que refleja -dijo- que hay trabajo coordinado de la Fiscalía General de la República, de Pemex y del gobierno del Estado.
No se enteró que el “valioso aseguramiento” había ocurrido el 4 de septiembre y que fue una pifia monumental, pues no se trataba de “huachicol”, sino de una planta de almacenamiento con su documentación en regla.
Otro atropello a la propiedad privada.
Se levanta muy temprano, viaja, se agota, pero no trabaja para aquello que fue electa.
En una carta respetuosa y comedida, la gobernadora Maru Campos le solicitó a Sheinbaum tener una reunión para abordar dos temas que importan a Chihuahua y requieren del trabajo coordinado entre la presidencia y el gobierno estatal.
Campos le pidió tratar el tema del agua y la necesidad de dar certidumbre a los agricultores para los siguientes años. El otro punto era el gusano barrenador y la reapertura de la frontera para la exportación de ganado.
Es decir, la mandataria de Chihuahua le pidió un espacio en la agenda para trabajar juntas y después que se fuera a sus mítines. Pero primero había que chambear.
La respuesta de la presidenta reveló -por sí hiciera falta- a qué iba: se reunirían un momento al llegar, pero los temas de trabajo que los abordara con la secretaria de Gobernación.
¿Y con ella? ¿Por qué no?
Se fue a un mitin donde habló del “periodo negro, de traición al pueblo”, que fue el transcurrido entre los presidentes Miguel de la Madrid y Enrique Peña Nieto. Los mencionó a cada uno, para que estallara la rechifla de los acarreados.
¿Y la disponibilidad de agua? ¿Y el gusano barrenador?
Eso con Rosa Icela, que hace un par de semanas dijo en una plenaria con legisladores de Morena en qué consistía su trabajo:
“Nuestra labor, la de todos los que estamos aquí, es cuidar el legado recibido por nuestro líder moral Andrés Manuel López Obrador”.
¿Y el trabajo? Los resultados de la ausencia de trabajo están a la vista: deuda galopante, crecimiento económico que no importa -una “cantaleta”-, la educación por los suelos.
La presidenta fue a Chihuahua a respaldar a Morena y a darle golpes a la gobernadora porque es del PAN.
Sheinbaum no parece haber medido lo que implica su activismo electoral en favor de Morena.
Puede hacer ganar la gubernatura de Chihuahua a Los Chapitos o al cártel de La Barredora.
El riesgo, si tiene éxito, es convertir a Chihuahua en otra Sinaloa.
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