Por primera vez desde la II Guerra Mundial, una fuerza de extrema derecha está cerca de gobernar un estado alemán y busca usar la victoria como plataforma rumbo a 2029
Por primera vez desde la II Guerra Mundial, una fuerza de extrema derecha está cerca de gobernar un estado alemán y busca usar la victoria como plataforma rumbo a 2029

Alemania amaneció este lunes conmocionada. Alternativa para Alemania (AfD) arrasó en las elecciones de Sajonia-Anhalt con 43.8 por ciento de los votos, más del doble que hace cinco años, y obtuvo 39 de los 83 escaños del Parlamento regional. Le faltaron sólo tres para la mayoría absoluta.
El golpe para el canciller Friedrich Merz fue brutal. Su Unión Demócrata Cristiana (CDU), que gobernó el estado durante décadas, se desplomó a 17.2 por ciento. Merz reconoció que el resultado sacudió a su partido “hasta sus cimientos”, pero reiteró que no habrá acuerdos con AfD.
El resultado tiene además una dimensión que rebasa las fronteras alemanas: AfD exige suspender la ayuda a Ucrania, levantar las sanciones contra Rusia y restablecer las relaciones económicas con Moscú.
Merz respondió de inmediato. Alemania es uno de los principales sostenes europeos de Ucrania y el canciller aseguró que no modificará su posición “ni un milímetro”. Abandonar a Kiev, dijo, no traería la paz, sino que fortalecería a una Rusia que busca debilitar el sistema de valores de Occidente.
La postura favorable a Moscú no es un asunto marginal para AfD. Durante la campaña, el partido sostuvo que las sanciones perjudican a la propia Alemania al privar a su industria de la energía rusa barata. El tema caló entre los electores: según datos de la televisión ARD, “la paz en Europa” fue el segundo asunto más importante a la hora de decidir el voto.
AfD ganó ofreciendo también un vuelco radical en materia migratoria: más deportaciones, mayores restricciones al asilo y una política de fronteras mucho más dura. Alice Weidel, colíder nacional del partido, presentó el resultado como un rechazo a la migración ilegal, la inseguridad, los elevados precios de la energía y la “desindustrialización” de Alemania.
La preocupación, sin embargo, no deriva sólo de su programa. La organización de AfD en Sajonia-Anhalt está clasificada desde 2023 por el servicio regional de protección de la Constitución como inequívocamente extremista de derecha. El partido rechaza esa caracterización y la combate judicialmente.
Algunos de sus dirigentes han ido todavía más lejos. Björn Höcke, una de las figuras más influyentes del sector radical, llamó al monumento a las víctimas del Holocausto en Berlín un “monumento de la vergüenza” y ha sido condenado por utilizar públicamente “Alles für Deutschland”, lema empleado por las SA, la organización paramilitar nazi.
Otro dirigente, Maximilian Krah, provocó una ruptura con la ultraderecha francesa de Marine Le Pen después de negarse a afirmar que todos los integrantes de las SS nazis habían sido criminales. El episodio fue considerado excesivo incluso por antiguos aliados europeos de AfD.
De ahí la conmoción provocada por el resultado del domingo. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, una fuerza de extrema derecha se encuentra tan cerca de gobernar uno de los estados alemanes.
Las reacciones traspasaron las fronteras. En Francia, el ministro Roland Lescure calificó el resultado de “muy, muy preocupante”. El primer ministro polaco, Donald Tusk, lanzó una advertencia todavía más dura sobre quienes celebran el ascenso de AfD. En contraste, dirigentes de la derecha radical europea, como Matteo Salvini, festejaron el triunfo.
AfD sostiene que recibió un mandato para gobernar. Su candidato, Ulrich Siegmund, busca ahora diputados de otras fuerzas que le permitan alcanzar una mayoría estable, mientras la CDU mantiene el “muro de contención” que impide pactar con la extrema derecha.
Pero Sajonia-Anhalt ya dejó de ser un problema regional. AfD quiere convertir esta victoria en plataforma para las elecciones federales de 2029. Y el dato que sacude a Alemania es difícil de minimizar: en un país marcado para siempre por la experiencia del nazismo, casi uno de cada dos electores de ese estado acaba de votar por la ultraderecha.
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