La administración de Donald Trump trata a las naciones aliadas como subordinadas, lo que conduce a un mayor desorden global. Lo anterior se evidencia en el colapso de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá debido a exigencias irracionales del gobierno de Trump.
Durante la reunión de finanzas del G20 celebrada recientemente en Asheville, Carolina del Norte, los “aliados” tradicionales de Estados Unidos (europeos y asiáticos) expresaron su oposición a la guerra contra Irán, debido a las interrupciones en los mercados energéticos que han aumentado la inflación y han reducido el crecimiento económico.
Funcionarios europeos protestaron contra la venta no coordinada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, de las reservas estadounidenses en euros para apoyar el yen japonés, lo que redujo el valor del euro, mientras supuestamente protegía el dólar.
La descoordinación erosiona la confianza en Estados Unidos y en el dólar. Como medida de precaución, el banco central holandés ha trasladado más de 78 toneladas de oro desde Nueva York a Londres alegando un creciente malestar geopolítico.
La estrategia económica estadounidense de alto riesgo se ha centrado en la desregulación, la inteligencia artificial desenfrenada y los combustibles fósiles, mientras que la europea favorece la precaución en materia de IA, la moderación de la desregulación y el compromiso con la transición a las energías renovables.
La guerra de Estados Unidos contra Irán ha incrementado el gasto en defensa estadounidense mientras que el prolongado choque energético refuerza las preocupaciones inflacionarias, lo que lleva a los inversionistas en bonos a anticipar que los bancos centrales, aumentarán las tasas de interés.
Los altos niveles de deuda nacional —como la deuda estadounidense, que alcanza los 40 billones de dólares— requieren un endeudamiento masivo y continuo, lo que inunda el mercado de bonos. El aumento del gasto en defensa, no solo en Estados Unidos sino también en Europa, Australia, Japón y Corea del Sur, ante las ambivalencias y exigencias del gobierno Trump, acelera aún más la emisión de deuda.
Los enormes gastos de capital de las empresas tecnológicas que desarrollan infraestructura de inteligencia artificial se financian en gran medida mediante el mercado de bonos, lo que genera competencia por el capital frente al endeudamiento público.
La revista The Economist sostiene que la decisión del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de intervenir en el mercado de deuda soberana estadounidense mediante recompras inesperadas de bonos ha pretendido subir artificialmente los precios de los bonos y reducir los tipos de interés a largo plazo vinculados a los créditos hipotecarios, con el fin de aumentar el apoyo popular a la administración de cara a las próximas elecciones de mitad de mandato.
Tras el anuncio de la recompra de bonos, el dólar estadounidense se debilitó, mientras que el oro y el bitcoin se dispararon. Las medidas adoptadas dañan la credibilidad financiera de Estados Unidos al someter al dólar, el principal activo de referencia mundial, a la influencia de la política interna estadounidense, lo que debilita aún más su uso como reserva internacional.
Los programas de recompra de bonos del Tesoro no abordan la reducción de los déficits fiscales subyacentes. El aumento de las tasas de interés de los bonos y la caída de sus precios están impulsados por la mayor inflación, el aumento de los déficits presupuestarios a nivel mundial y la inmensa deuda nacional estadounidense, superior a 120% del PIB.
La reducción artificial de los rendimientos de los bonos retrasa los recortes de gasto o los incrementos de impuestos necesarios para reducir el déficit presupuestario de Estados Unidos. La lucha por fondos globales aumenta las tasas de interés, acercando al mundo a la siguiente gran crisis.
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