Los discursos inflamados de nacionalismo, los gritos alocados de soberanía sólo exhiben un gobierno mediocre. Sea cierta o no la pugna AMLO-Sheinbaum, Rocha Moya no es la oveja negra, es un patrón de conducta de un rebaño delictivo cada día más grande por impune, con metástasis criminógena institucional que cree sostenerse con ondear la bandera nacional o inflamar el ambiente patrio (viene septiembre) y cantar el “mexicanos al grito de guerra”. ¿A la guerra por una visa de Andy?
Morena no cree en el mundo, el extranjero no existe, piensan que México es una isla flotando en el mar de “su” soberanía. ¡Se equivocan! La cooperación internacional en materia de seguridad no es injerencia; la remesas de los michoacanos que mandan desde Estado Unidos no es injerencia; las gestiones de la DEA o el FBI, con el presidente argentino de la ultraderecha, Javier Milei, para entregar a Farías Laguna, no son injerencia; los reclamos de las madres buscadoras de parte del número dos del Vaticano, Pietro Parolin, en la Basílica de Guadalupe, no son injerencia; los halagos de la DEA por los 20 años de policía, es decir desde Vicente Fox, a Omar García Harfuch, tampoco son injerencia.
Quizá sea más “injerencia”, impertinencia o franca asnada, llamar a tu principal socio comercial y vecino geográfico, país de drogadictos y hitlerianos como lo firmó Andy López Beltrán, al tiempo de la delicada negociación del T-MEC. La visión del mundo de Morena es de recelo. Su teología soberana les hermana con las dictaduras de Cuba (¿ahora vamos a contratar maestros al régimen castrista?), y lo grotesco en Nicaragua, aunque haya matado a sus elecciones, México, en la ignominia diplomática, se abstuvo de condenar esa violación al derecho humano a votar y ser votado.
El obradorismo no entiende, ni conoce el exterior (“caminan el territorio”, dicen, pero no más allá), y por ese hueco mundial se les coló García Harfuch; también se van al exterior varias empresas mexicanas, con participación accionaria o arquitecturas financieras a Europa o Estados Unidos. Y la dependencia digital es prácticamente total. El mundo desnuda la pequeñez gubernamental del gobierno mexicano; por eso el caso Rocha se les atraganta, precisamente porque no lo pide un juez del acordeón, sino uno de Nueva York, y no lo pueden cambiar como en Almoloya, ni esconder las audiencias.
Rocha tiene implicaciones diplomáticas. No es verse en el espejo el ombligo tricolor. ¿Ya pensaron que tiene la misma estatura jurídica un tratado de extradición que el T-MEC? Rocha exhibe a la presidenta frente al orden internacional, ella podía cicatrizar la herida con Estados Unidos que dejó AMLO, porque está educada en California, es angloparlante y hasta ganadora de un Premio Nobel colectivo. Pero Rocha incendia esa teología del soberanismo y nacionalismo, y le hace voltear a ver, antes de una decisión a Palenque, Chiapas… o, de plano, ¿por el bien de todos (en Morena) primero los de Badiraguato, Sinaloa? ¿O cómo era, “impunidad valiente?
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