El INEGI dio a conocer que en el periodo abril-junio de 2026 la economía registró un mejor desempeño con respecto al trimestre anterior. El PIB promedió un crecimiento trimestral (contra el primer trimestre del año) de 1.4% real y de 1.9% anual real (con respecto al segundo trimestre del año anterior), sostenido por el campo y los servicios.
En su conjunto, en el primer semestre del año la economía creció 1.2% anual, cifra superior a lo observado en el primer semestre de 2025 cuando fue de 0.9% anual. El crecimiento anual de la producción fue impulsado por el comportamiento del sector primario con un aumento de 2.1% y del sector terciario de 1.7%, puesto que el sector secundario apenas creció 0.1%.
Como se puede observar, el sector secundario continúa mostrando una menor dinámica, especialmente por la situación de la industria manufacturera. Con cifras originales (sin ajuste estacional), la manufactura presenta una caída de (-) 0.4% anual en 2025 y de (-) 1.1% anual en el primer semestre de 2026.
Por su parte, en el mes de junio, el Indicador Global de la Actividad Económica creció en 1.7% anual, menos de lo estimado, confirmando que la economía se sigue moviendo a un ritmo inferior al 2 por ciento anual.
Mientras tanto, los precios al consumidor en la primera quincena de agosto crecieron 3.26% anual, compuesta por una inflación subyacente de 3.93% y no subyacente de 0.96%, donde educación (colegiaturas) y alimentos, bebidas y tabaco, como tarifas autorizadas por el sector público siguen presionando al alza los precios.
Estos resultados en materia de crecimiento y precios reflejan la incapacidad para que repunte la actividad económica, así como la rigidez que mantienen los precios de determinados bienes y servicios. El bienio 2025-2026 apunta para un magro crecimiento del PIB que solo mejoraría si se concretan los planes de inversión pública y privada en proyectos de calidad con rentabilidad social y económica.
PD. La actual fortaleza del peso no se explica porque la economía mexicana lo esté haciendo bien. La depreciación del dólar y el amplio diferencial de tasas de interés están detrás.
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