Una de sus batallas más conocidas fue denunciar la presión que enfrentan los congresistas para recaudar fondos para sus campañas
Una de sus batallas más conocidas fue denunciar la presión que enfrentan los congresistas para recaudar fondos para sus campañas

Se gestó dentro del Partido Republicano, al que conoce bien desde sus entrañas. Trabajó durante más de una década para el congresista Charles William “Bill” Young, al que reemplazaría en el Congreso en 2014 tras la muerte de su mentor. Ahora, doce años después, David Jolly busca ganar la gubernatura de Florida de la mano del Partido Demócrata.
La de Jolly es una historia de una transformación política que comenzó antes de que abandonara formalmente el Partido Republicano en 2018 impulsado por abiertos desencuentros con el presidente Donald Trump. Atrás quedaron más de dos décadas de trabajo para el Partido Republicano, al que se unió en 1994, poco después de que salió de la universidad.
Como parte del equipo de Bill Young, uno de los congresistas republicanos más importantes de Florida, ocupó distintos puestos, hasta convertirse en su abogado general. El vínculo con el político sería decisivo para el resto de su carrera. Cuando Young murió en octubre de 2013, quedó vacante el escaño del distrito 13 de Florida. Jolly buscó la nominación republicana y ganó la elección especial en marzo de 2014 frente a la demócrata Alex Sink.
Antes de regresar al Congreso, el ahora demócrata pasó varios años en el mundo del lobbying. En 2007, se incorporó a Van Scoyoc Associates, una firma de cabildeo de Washington, y en 2011 creó su propia empresa, Three Bridges Advisors.
Su trayectoria no es común en el Partido Republicano de la época. Ya como congresista, Jolly combinó posiciones conservadoras tradicionales con otras que lo colocaban fuera de la línea dominante de su partido.
Como legislador apoyó el equilibrio presupuestario, la reforma fiscal, la atención médica para veteranos y la elección de escuelas, pero también defendió el matrimonio igualitario y las protecciones para la comunidad LGBT, aceptó la ciencia del cambio climático y promovió una reforma migratoria integral, temas en los que fue a contracorriente con lo dictado desde la cúpula de su partido.
Una de sus batallas más conocidas fue contra la manera en que se financiaban las campañas políticas. En 2016, Jolly expuso ante CBS en el programa 60 Minutos la presión que sufrían los congresistas para pasar buena parte de su tiempo recaudando dinero, algo que, como cabildero, también conoció bien.
En la entrevista dijo que a los legisladores se les pedía dedicar horas a llamar a donantes y llegó a comparar el Congreso con una empresa de telemarketing. A partir de esa experiencia presentó el Stop Act, una iniciativa que buscaba prohibir que los funcionarios federales solicitaran directamente dinero para campañas políticas.
Algo puede sonar lógico y hasta positivo, no así en un sistema con una fuerte base en ese modelo. El proyecto fue presentado en febrero de 2016, pero quedó en la etapa de iniciativa. Abandonó el congreso sin lograr que se convirtiera en ley.
Jolly también se apartó de buena parte de sus compañeros republicanos después de la masacre de Pulse, ocurrida en Orlando en junio de 2016. Él respaldó una legislación para impedir que personas incluidas en las listas de vigilancia terrorista pudieran comprar armas, con garantías de debido proceso para quienes fueran incluidos erróneamente.
Durante la protesta de los demócratas en el pleno de la cámara para exigir una votación sobre el tema, Jolly, todavía republicano, estuvo entre los legisladores que buscaron una salida bipartidista.
Su ruptura política más importante, sin embargo, llegó con Trump. Jolly no pudo esperar a que el candidato se acercara a la Casa Blanca y en diciembre de 2015, cuando el ahora presidente era apenas aspirante, propuso prohibir temporalmente la entrada de musulmanes a Estados Unidos, el todavía legislador se convirtió en uno de los republicanos que se rebelaron públicamente.
Desde el pleno de la cámara pidió que Trump abandonara la carrera por la nominación republicana. A Jolly no le importó que todavía necesitaba el respaldo de los votantes republicanos. En ese momento competía por la nominación republicana para el senado y Trump era el favorito para convertirse en el candidato presidencial del partido. Jolly decidió enfrentarlo de todos modos.
En 2016, el todavía republicano tampoco votó por Trump. Después de que apareciera la grabación de 2005 en la que Trump hablaba de realizar avances sexuales no consentidos hacia mujeres, Jolly dijo que no votaría por él y argumentó que un hombre que presumía de agresiones sexuales no estaba capacitado para ser presidente. El entonces republicano terminó pagando electoralmente. En 2016, perdió la reelección frente a Charlie Crist, un antiguo gobernador republicano que entonces competía como demócrata.
Poco después, en 2018, Jolly abandonó formalmente el Partido Republicano y se registró como independiente. Durante los años siguientes profundizó su alejamiento de la política partidista tradicional. Pasó por el movimiento independiente Serve America y posteriormente por el Forward Party. Al mismo tiempo comenzó una segunda carrera, esta vez como comentarista político en televisión desde donde criticó fuertemente al presidente Trump.
Ese proceso también modificó algunas de sus posiciones como el aborto y las armas. Sobre el primero ha dicho que, debido a su formación religiosa, durante mucho tiempo confundió ser “pro-vida” con oponerse a Roe v. Wade, la legendaria resolución con la que la Corte Suprema reconoció el derecho constitucional a la interrupción del embarazo en Estados Unidos. Ahora el convertido demócrata sostiene que ese derecho debe estar protegido por ley.
En cuanto a las armas, pasó de una interpretación amplia de la Segunda Enmienda, que le permite a los estadounidenses poseer y portar armamento, a defender medidas como licencias, registro, seguro, verificaciones de antecedentes más estrictas y la prohibición de armas de asalto.
El cambio definitivo llegó en 2025, cuando por fin se registró como demócrata y lanzó su campaña para gobernador de Florida. Ahora Jolly deberá tratar de convencer a los votantes de que su evolución no representa una simple conversión partidista, sino que es el resultado de una ruptura con lo que considera la transformación del Partido Republicano bajo Trump.
Su campaña para gobernador comenzó oficialmente en junio de 2025. Desde entonces, ha intentado construir una candidatura alrededor de asuntos económicos y de gobierno más que de una confrontación permanente con el presidente.
El aspirante a gobernador ha puesto en el centro el costo de la vivienda, el seguro para propietarios, la atención primaria de salud y la educación pública, con lo que ha intentado combinar valores de centroizquierda con un mensaje de gobierno pragmático al mismo tiempo que busca una coalición que incluya demócratas, independientes y republicanos descontentos, como él.
En junio de 2026 incorporó a Gwen Graham como compañera de fórmula. A Graham, excongresista demócrata e hija del fallecido gobernador y senador Bob Graham, la conoció en la Cámara de Representantes entre 2015 y 2017, cuando ambos pertenecían a partidos distintos.
Dos meses después, en agosto de 2026, esa apuesta consiguió su primer gran resultado cuando Jolly ganó la primaria demócrata para la gubernatura. Con esa victoria, ahora tendrá que enfrentar a Byron Donalds, quien ganó la nominación republicana con el abierto respaldo de Trump.
El reto se encuentra en que Florida ya no es el estado competitivo que durante décadas podía decidir elecciones presidenciales por márgenes estrechos. A esto se suma el hecho de que Trump ganó Florida en las elecciones presidenciales de 2016, 2020 y 2024, mientras que Ron DeSantis obtuvo una amplia victoria en su reelección de 2022. Los demócratas, además, no han ganado una elección para gobernador desde 1994.
Con la esperanza de poder hablarle a los republicanos, porque fue uno de ellos, conoce sus códigos y pasó años dentro de su estructura, Jolly espera lograr la hazaña que por ahora parece imposible. Puede presentarse ante los demócratas como alguien que rompió con Trump cuando todavía era políticamente costoso hacerlo.
Jolly ya hizo una vez la apuesta más difícil, la de enfrentarse a Trump cuando todavía era republicano. Ahora intenta hacer algo mucho más improbable: derrotar al candidato republicano en Florida con lo que, de paso, le pondría un alto en seco al presidente Trump en su propio territorio.
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