Iván Palacios Ocaña
1.
Las pesadillas de Kafka sucedieron
en distintos lugares y momentos de México.
Una vez me lo encontré en un edificio
cerca de metro Eugenia, donde trabajé resumiendo noticias
para distintas empresas. La entrada era 3 am.
Me gustaba ir a los pisos superiores, a esa hora apagados
y observar una avenida División del Norte a oscuras
atravesada esporádicamente por una ambulancia,
una bici o patrulla
(cada una con su luz particular
o sin ella) y sólo el café Sanborns abierto.
Aquella madrugada a mediados de diciembre,
al ir subiendo del tercer al cuarto piso,
choqué con Kafka.
Él bajaba sin ruido, pero con desesperación,
aunque exactamente no corría.
Alcancé a ver en su cara que temía asustarme
y procuré sonreírle o hacer algún gesto
que le diera a entender que todo estaba bien,
que yo estoy de su lado;
pero creo que lo asusté. Él bajó (ahora sí corriendo)
y yo fui al baño a pensar “en una cebolla
vista la noche anterior
y en el abismo que nos separa de los otros abismos”.
2.
Muy kafkiano que Kafka se haya enamorado
de una chica llamada Felice
y que no se hayan visto más de diez veces
aunque el tomito de sus cartas en alemán supere las mil páginas;
durante cinco años le escribió casi dos por día
y le dedicó quizá el único relato que a Kafka le gustaba de Kafka,
"La condena":
Protagonizado por un hombrecillo gris
que le anuncia al padre que piensa casarse,
pero éste insinúa que la prometida sólo busca su dinero;
sin remedio, el protagonista se arroja de un puente.
Felice nunca le quiso decir qué pensaba del relato
aunque Kafka se lo preguntó (tímidamente) un par de veces.
3. Génesis de La metamorfosis
Imaginemos a Kafka,
que despierta
—aunque tal vez él preferiría no despertar—
ve un insecto
y piensa: "Si yo fuera un insecto".
Pero después se corrige:
"Ni siquiera siendo un insecto".
4. La historia se repite en Gaza
Sólo conocemos la literatura del Kafka sometido y triste,
lo escrito por un probable Kafka feliz
lo destruyó la Gestapo.
Aquella anécdota del viejo Franz escribiendo las cartas
de una muñeca perdida que viaja por el mundo
para una niñita desconsolada es de esa época.
Un probable Kafka moderadamente feliz,
jubilado precoz por la tuberculosis, lejos del padre,
dedicado en sus últimos meses a escribir y amar
en un departamentito de Berlín
donde incluso vivió con una mujer, Dora Diamant.
Todo destruido por la Gestapo.
*Iván Palacios Ocaña. Publicó Cosas inútiles y otros poemas (Premio de Poesía Joven UNAM 2018) y Nostalgia de Tacubaby (Matrerita, 2021). Fue becario de Jóvenes Creadores (2025), Karely Ruiz de Poesía (2024) y de la f,l,m (2017). Escribe sobre poetas que le gustan en Este País.
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