El organismo recortó la expectativa de crecimiento del PIB de México a un 1,3% para 2026, .cifra por debajo del promedio de la región (2,2%)
El organismo recortó la expectativa de crecimiento del PIB de México a un 1,3% para 2026, .cifra por debajo del promedio de la región (2,2%)

En el marco de la presentación del Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) recortó la expectativa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México a un 1,3% para 2026. Esta cifra no solo ubica al país significativamente por debajo del promedio de la región (2,2%), sino que lo sitúa en la cola del desempeño latinoamericano, superando apenas a una Bolivia estancada (0,5%) y a las economías en contracción de Cuba (-10,3%) y Haití (-1,9%).
El diagnóstico coordinado por el secretario ejecutivo del organismo, José Manuel Salazar-Xirinachs, es contundente: México padece una «trampa estructural de baja capacidad para crecer». Los datos históricos de la comisión revelan que, entre 1990 y 2025, el avance económico del país promedió apenas un 2,0% anual, una inercia insuficiente para cerrar las brechas de desarrollo y absorber la demanda laboral. Para 2027, el organismo proyecta un repunte inercial del 1,9%, un nivel que califica de «no satisfactorio».
Detrás del freno económico de este año confluyen factores tanto internos como externos. En el plano local, la CEPAL identifica un enfriamiento de la demanda interna, con un consumo e inversión privada menos dinámicos tras el ciclo político-electoral. A esto se suman los cuellos de botella en infraestructura clave —particularmente en los sectores de agua y energía— y el impacto de la incertidumbre regulatoria derivada de las reformas judiciales, factores que han moderado el optimismo de los inversionistas para desplegar capitales frescos.
En el entorno global, la desaceleración generalizada afecta el comercio, restando fuerza a las exportaciones mexicanas. Si bien la demanda estadounidense y el fenómeno del nearshoring siguen apuntalando la manufactura mexicana, este impulso exterior ya no basta para compensar las debilidades estructurales del mercado interno.
El foco central del reporte de la CEPAL este año recae en el círculo vicioso entre la informalidad laboral y la baja productividad. En el caso mexicano, las estimaciones sugieren que la creación de empleo formal apenas avanzará a tasas cercanas al 1,4% en 2026. Al no encontrar incentivos ni espacio en la formalidad, una vasta porción de la fuerza laboral se mantiene en sectores de baja cualificación, lo que frena el desarrollo de competencias e impide que el tejido empresarial capitalice con éxito las nuevas corrientes de inversión.
Por el lado macroeconómico, las condiciones de financiamiento tampoco jugarán a favor de la reactivación en el corto plazo. Con una inflación general estimada que cerrará el año en torno al 4,1%, el Banco de México (Banxico) mantendrá una postura restrictiva. Se prevé que la tasa de interés de referencia se sitúe alrededor del 6,50% durante el resto del ejercicio con el fin de asegurar la convergencia hacia la meta inflacionaria en 2027, lo que encarece el crédito productivo para las empresas.
Ante este panorama, la CEPAL insiste en que México y la región no lograrán salir de este letargo sin políticas urgentes de desarrollo productivo que vayan más allá de los ciclos macroeconómicos, enfocadas en elevar la inversión pública, desbloquear la infraestructura y transicionar masivamente hacia el empleo formal.
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