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¿Injerencismo obradorista para remover a Claudia?

Sí es injerencismo. Claro que el tema de Andy es injerencia plena y dura. Una intrusión sin paliativos. Un entrometimiento enorme. Descarada impertinencia en los asuntos exclusivos y, constitucionalmente unipersonales de Claudia Sheinbaum Pardo.

El problema para discutir es, de dónde parte esa “injerencia”, y sobre todo para qué: ¿de Estados Unidos de Norteamérica? No creo. Ellos son soberanos para admitir o repudiar a cualquier extranjero en su territorio. Igual que nosotros admitimos o negamos el acceso a varias personas ordinariamente. La injerencia, intromisión desleal con la presidenta, no llega de Washington, sale de Palenque, Chiapas. Quien mete sus narices en los asuntos de Palacio Nacional, no es Donald Trump, sino el padre de la creatura sin visa: Andrés Manuel López Obrador.

Palenque hace esfuerzos por verla débil, maniatada, sobre todo en su interlocución con el mundo. López Obrador decide si se ataca la soberanía (lo ha dicho explícitamente, que saldría de su rancho para defender esa soberanía). ¿Con qué fuerza negocia Claudia el T-MEC con Trump, si necesita refrendo de su antecesor?; o con su compañero ideológico Luis Ignacio Lula, presidente de Brasil, ¿va a comprometer recursos de Pemex a Petrobras, sin el visto bueno del tabasqueño?. El fracking para extraer gas y petróleo y, por tanto, atraer tecnología y dinero del extranjero, ¿ya lo palomeó el autor de Grandeza? Ni hablar con Milei, de Argentina; Kast, de Chile; Fujimori, del Perú, o el nuevo de Colombia, Abelardo de la Espriella. A Cuba todo el apoyo, aunque nos enfrente a Estados Unidos; a Nicaragua todo el silencio, aunque no haya elecciones. Mientras Omar García Harfuch, secretario de Seguridad claudista, estaba en Argentina en una reunión de la DEA estadounidense, sí, la agencia antinarco, al hijo de López Obrador se le ocurre llamar a Estados Unidos territorio “hitleriano” y de “drogadicción”. ¿Qué cara pondría García Harfuch frente a semejante injerencismo? Ya había logrado un “visto bueno” a su estrategia de seguridad, también había construido la percepción de que los homicidios van a la baja, y los abrazos ya fueron reemplazados por los balazos. Ahora llega López y todo lo descompone con una carta que, por cierto, ¿cuál Andrés la escribió?

La segunda cuestión es clara, ¿para qué el injerencismo de los dos Andrés? Prácticamente esa actitud metiche y machista es una humillación a los 35 millones 924 mil 519 mexicanos que votaron por Claudia, la presidenta más votada en la historia. Ella conoce el mundo, el valor de la ciencia, vivió en Estados Unidos y habla inglés, estaba en una posición inmejorable para solventar y resolver la relación bilateral justa y digna con la Casa Blanca, e incluso poner condiciones. Trump no se atreve a tratar a México como a Canadá porque sabe el costo de tocar económicamente a su vecino del sur y el voto latino; pero el injerencismo de AMLO le está llenado el buche de piedritas. Entonces, la pregunta es obvia: ¿para qué se mete la dinastía López?

La debilidad de la presidenta por ese injerencismo obradorista es extrema. ¿le grita y manosea una señora en su camioneta en una gira por Tamaulipas?, ¿acaso cuidan más a AMLO que a la presidenta? Creo, especulo, varios morenistas están creando todas las circunstancias. para subir el siguiente escalón y, acercar a la presidenta al abismo. Sí. Así de grave la injerencia. Derribarla. En octubre, dos semanas después del grito de Independencia, la presidenta cumplirá dos años en el cargo. Estaría colocada en el tiempo que la Constitución autoriza al Congreso, para darle una “licencia”, (artículo 73 fracción XXVI) y, de acuerdo al párrafo quinto del artículo 84, constituirse en Colegio Electoral y nombrar, sin elecciones, ante esa falta absoluta de la presidenta, un presidente substituto que deberá concluir el periodo… hasta 2030. Un presidente más radical, más mano dura, más antinorteamericano, más obradorista.

¿No creen capaz a ese injerencismo? Ya el hijo afirmó que su padre era el líder del movimiento. Lo que López quiso decir, es que ella “sólo” es la presidenta. La pregunta es, insisto: ¿ese injerencismo hará renunciable, prescindible a la presidenta de México?

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