Un coche bomba explotó en un peaje de la vía Panamericana, cerca de Cali, un día después de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia.
Un coche bomba explotó en un peaje de la vía Panamericana, cerca de Cali, un día después de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia.

Apenas un día después de que Abelardo de la Espriella asumiera la Presidencia de Colombia con la promesa de recuperar el orden y la seguridad, un coche bomba explotó en un peaje de la vía Panamericana, en el suroccidente del país, en el primer ataque de alto impacto que enfrenta su gobierno.
La explosión ocurrió en el peaje de Mandivá, en la carretera que comunica Cali con Popayán. El atentado dejó dos vigilantes heridos y provocó daños en la infraestructura del punto de cobro y en inmuebles cercanos. Las autoridades atribuyeron el ataque a facciones disidentes de las FARC.
El atentado golpeó al nuevo gobierno apenas horas después del discurso inaugural de De la Espriella, quien desde Cali anunció una política de mano dura contra las organizaciones criminales y descartó continuar con negociaciones con grupos armados.
El presidente había advertido que su gobierno recuperaría la autoridad del Estado y que quienes integren estructuras criminales tendrían que someterse a la ley o enfrentar la respuesta de la Fuerza Pública.
Ahora, su administración enfrenta su primera prueba de seguridad.
El vehículo cargado con explosivos detonó en el peaje de Mandivá, en una zona estratégica para la comunicación entre el suroccidente colombiano y el centro del país.
La explosión provocó daños considerables en las instalaciones del peaje y afectó viviendas y establecimientos cercanos. Dos trabajadores de seguridad resultaron heridos por el estallido.
Las autoridades desplegaron unidades militares y policiales en la zona para acordonar el lugar y comenzar las investigaciones.
El Ejército colombiano señaló como responsables a integrantes de las estructuras Dagoberto Ramos y Jaime Martínez, dos facciones disidentes de las FARC que operan en el suroccidente del país.
Las autoridades investigan si el ataque buscaba afectar directamente la infraestructura vial o enviar un mensaje al nuevo gobierno.
El atentado ocurre además en una región donde las organizaciones armadas mantienen presencia y disputan corredores estratégicos para actividades ilegales.
El momento del atentado tiene un peso político particular.
De la Espriella tomó posesión el 7 de agosto en Cali, una decisión que rompió con la tradición de realizar la ceremonia presidencial en Bogotá. Un día después, un coche bomba estalló en una de las principales carreteras del suroccidente.
La coincidencia adquiere mayor relevancia porque la seguridad fue el eje central de su primer discurso como presidente.
“Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, afirmó el mandatario durante su mensaje en el batallón Pichincha.
De la Espriella también anunció que su gobierno no continuará las negociaciones con organizaciones criminales y que combatirá a los grupos que considere narcoterroristas.
El ataque ocurrió mientras el nuevo gobierno comenzaba a poner en marcha esa estrategia.
Las autoridades colombianas atribuyeron el atentado a las estructuras Dagoberto Ramos y Jaime Martínez, ambas vinculadas con las disidencias de las FARC que no se acogieron al acuerdo de paz firmado en 2016.
Estos grupos mantienen operaciones armadas en distintas zonas del suroccidente colombiano y disputan territorios utilizados para actividades relacionadas con el narcotráfico.
La presencia de esas organizaciones representa uno de los principales problemas de seguridad que heredó De la Espriella del gobierno de Gustavo Petro.
Durante la administración anterior, Petro impulsó la política conocida como Paz Total, que buscaba negociar con distintos grupos armados para reducir la violencia.
De la Espriella anunció desde su primer discurso que esa estrategia terminó.
El nuevo presidente sostiene que las negociaciones permitieron a las organizaciones criminales ganar espacio y fortalecer su presencia territorial. Su apuesta será utilizar a las Fuerzas Militares y a la Policía para recuperar esas zonas.
El atentado también pone a prueba una de las principales promesas con las que De la Espriella llegó a la Presidencia.
Durante la campaña, el ahora mandatario hizo de la seguridad uno de sus principales argumentos y prometió una respuesta más contundente frente a las organizaciones armadas.
En su primer mensaje presidencial anunció además la creación de megacárceles, una lista de organizaciones consideradas narcoterroristas y el endurecimiento de las acciones contra los grupos criminales.
Horas después de asumir el cargo, su gobierno ya tuvo que responder a un ataque con explosivos en una carretera estratégica.
La explosión no dejó víctimas mortales, pero mostró que las estructuras armadas mantienen capacidad para atacar infraestructura en zonas bajo su influencia.
El coche bomba no fue el único episodio de violencia registrado tras la llegada del nuevo gobierno.
Las autoridades colombianas reportaron otros ataques en el suroccidente del país, en una jornada marcada por acciones atribuidas a grupos guerrilleros.
La situación llevó a reforzar la presencia de las Fuerzas Militares y de la Policía en distintas carreteras y municipios.
Para el gobierno de De la Espriella, el escenario confirma el diagnóstico que presentó durante su campaña: la recuperación del control territorial será uno de los principales retos de su administración.
El mandatario también anunció que buscará eliminar los cultivos ilícitos y endurecer la ofensiva contra las estructuras dedicadas al narcotráfico.
De la Espriella recibió la Presidencia con un discurso centrado en orden, autoridad y seguridad. El coche bomba ocurrido apenas un día después de su investidura coloca esas promesas frente a su primer desafío.
El gobierno deberá determinar quién ordenó el ataque, establecer si existen otros objetivos y reforzar la seguridad en una región donde las disidencias mantienen capacidad operativa.
Por ahora, las autoridades atribuyen el atentado a las estructuras Dagoberto Ramos y Jaime Martínez. La investigación deberá establecer las circunstancias exactas del ataque y la responsabilidad de quienes participaron en su planeación y ejecución.
El nuevo gobierno apenas comienza, pero la violencia ya le puso una prueba sobre la mesa: recuperar el control que De la Espriella prometió desde su primer discurso como presidente de Colombia.
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