Existe un consenso científico de que el universo, desde el Big Bang, tiene 13 mil 800 millones de años, que la Tierra tiene aproximadamente 4 mil 500 millones de años, y que las primeras evidencias de vida en la Tierra datan de 3 mil 500 a 3 mil 800 millones de años. La civilización humana existe desde hace unos 12 mil 000 años y ya enfrenta graves riesgos de autodestrucción.
En el universo observable se estima que existen cerca de dos billones de galaxias (2 millones de millones), según proyecciones basadas en datos de los telescopios espaciales Hubble y James Webb.
Enrico Fermi fue un físico italiano que ganó el Premio Nobel de Física en 1938 y construyó el primer reactor nuclear. La Paradoja de Fermi se refiere a la contradicción entre la alta probabilidad de que existan civilizaciones extraterrestres en el inmenso universo y la total falta de evidencias o señales de su existencia. Si las civilizaciones alienígenas inteligentes fueran comunes, ¿dónde se encuentran?
El Instituto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) ofrece explicaciones sobre la Paradoja de Fermi y sobre proyectos de radioastronomía. La película de la actriz Jodie Foster, titulada Contact, se refiere a este proyecto.
Brian E. Cox es un físico de partículas británico y célebre divulgador científico que examina la Paradoja de Fermi. Para Cox y otros científicos, la Paradoja de Fermi se explica porque el avance de la ciencia y la tecnología supera con rapidez la sabiduría y la madurez individuales, sociales y políticas para gestionarlas. Según Cox, las civilizaciones inteligentes se autodestruyen con su propio poder tecnológico antes de alcanzar un estado superior de madurez, empatía y cooperación.
Otras explicaciones que los científicos han propuesto incluyen cataclismos cósmicos, cambios climáticos, la extinción de la diversidad biológica o un desastre nuclear. La inteligencia artificial descontrolada también podría ser una causa de la extinción de las civilizaciones. Todos estos elementos están presentes hoy en nuestro planeta Tierra.
Otras explicaciones consisten en que, en realidad, las condiciones para la vida son extraordinariamente raras y que residimos en una región galáctica increíblemente tranquila, o bien que los extraterrestres evitan el contacto con la humanidad, tratando a la Tierra como un área bajo observación.
Los OVNIS son objetos en el cielo de difícil explicación. El proyecto SETI busca señales de radio procedentes del espacio profundo para detectar vida inteligente. Los OVNIS ocurrirían dentro de la Tierra o cerca de ella.
La empatía es la capacidad de comprender y compartir las necesidades, emociones y sentimientos de otras personas. Significa ponerse en el lugar del otro para ver el mundo desde su perspectiva, en lugar de la propia, lo cual fomenta vínculos constructivos y es condición necesaria para que una negociación sea exitosa y evite conflictos.
Las acciones de la humanidad la acercan cada vez más a la autodestrucción. La supervivencia de la sociedad depende de los valores morales, pues la cooperación y la confianza mutua evitan el caos. La competencia ha sido fuente de innovación y progreso a lo largo de los siglos, pero la competencia desenfrenada entre las grandes potencias o entre las empresas desarrolladoras de IA nos conduce a la destrucción.
No se trata de acabar con la economía de mercado, pues las alternativas han sido desastrosas, sino de conducirla por vías mucho más empáticas, en favor del medio ambiente, de los derechos humanos y de los intereses de la sociedad.
La falta de cooperación internacional y la ausencia de un capitalismo empático conducen al caos y a la autodestrucción. Es urgente que los seres egocéntricos y carentes de empatía, como Donald Trump, Xi Jinping o Vladimir Putin, dejen de tomar decisiones que perjudiquen a la humanidad.
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