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Información para decidir con libertad

Las audiencias y el reflejo de la autocensura

Los lineamientos de protección para las audiencias eran una mala idea en el pasado y son un peligro en el presente.

Hace años ya resultaba inquietante cómo podría actuar el Instituto Federal de Telecomunicaciones, pero ahora no se necesita mucha imaginación para prever cómo actuará la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones que ya no cuenta con autonomía.

Desde Palacio Nacional hasta la propia CRT, repiten que no se trata de censurar, sino de tutelar derechos de ciudadanos que, por lo visto, son incapaces de distinguir entre los contenidos que les significarán provecho y los que les son nocivos.

Los concesionarios tendrán que nombrar un defensor de las audiencias que será quien reciba, analice y determine la procedencia de las quejas de quienes se sientan agraviados por alguna historia o su enfoque.

El problema, sin embargo, radica en que el incumplimiento de las recomendaciones puede elevar la queja a la CRT y ahí se impondrán sanciones, entre ellas las del 1% de las ganancias de una estación de radio o televisora que no haga el caso con la presteza debida.

Por estos días ya es complicada la difusión de algunos temas y lo será aún más, ya que, a las represalias políticas y publicitarias, se sumarán instrumentos que pueden afectar la viabilidad de las propias empresas.

En Palacio Nacional y en la CRT afirman que no es censura, y quizá hasta lo creen porque saben que no la necesitarán, ya que el horizonte de castigos hará que los propios medios opten por no inmiscuirse en temas molestos para el poder y los políticos.

La libertad de expresión no solo se debilita al estilo de Nicaragua, Cuba o Venezuela, sino también cuando se conforman esquemas que la van complicando. Es como las elecciones en las autocracias, las hay y con regularidad, pero la competencia no es posible.

Una parte sustancial del proyecto de lineamientos es que asume que las audiencias son incapaces de distinguir entre información y opinión, por lo que los programas de radio y televisión tendrán que diferenciarlas con claridad.

En términos de producción de esos espacios es una locura, pero de lo que se trata, en el fondo, es de inhibir la crítica que proviene de los diversos comentarios que hacen los periodistas al analizar una nota informativa.

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