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Cuba concreta 176 reformas que abren su economía al sector privado, pero mantiene al Estado como principal actor

A partir de ahora la iniciativa privada podrá administrar y operar, entre otras cosas, gasolineras, farmacias, ópticas, centros geriátricos e instalaciones portuarias

En lo que representa el giro promercado más profundo desde el triunfo de la revolución en 1959, el gobierno de Cuba oficializó una drástica apertura económica que entrega sectores clave de la isla al sector privado. El paquete de medidas busca frenar el colapso financiero y la severa crisis energética que mantienen al país en un descontento social generalizado.

A través de la publicación de un compendio legislativo, la administración cubana destrabó la implementación de 176 reformas que reducen a niveles mínimos el listado de actividades prohibidas para los particulares. Por primera vez en décadas, las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (mipymes), cooperativas y trabajadores autónomos podrán gestionar infraestructuras críticas que antes eran monopolio exclusivo del Estado.

La reforma elimina 46 prohibiciones absolutas. A partir de ahora, los civiles podrán administrar y operar gasolineras, farmacias, ópticas, centros geriátricos e instalaciones portuarias.

Ante los continuos apagones masivos, el decreto autoriza la participación privada en la generación, transmisión y comercialización de energías renovables, además de abrir la puerta a la minería a menor escala y a la explotación petrolera condicionada.

El gobierno eliminó el tope que impedía a las mipymes contratar a más de 100 empleados, permitiendo la escala corporativa tradicional. También se flexibilizó el comercio mayorista y minorista, facilitando la importación directa de vehículos eléctricos.

Apertura, pero no privatización

El recién creado Instituto Nacional de Actores Económicos No Estatales se apresuró a aclarar que esta transición no constituye una privatización total del modelo cubano. La "empresa estatal socialista" seguirá siendo el actor principal de la economía, y áreas ideológicas o de control social como la salud hospitalaria, la educación formal y los medios de comunicación masiva permanecerán estrictamente bajo el control del Partido Comunista.

Para los analistas internacionales, este movimiento representa el "momento Deng Xiaoping" de Cuba, emulando la apertura que transformó a China en los años setenta. Presionado por una inflación descontrolada, el desabastecimiento crónico de alimentos y un éxodo migratorio sin precedentes, el Palacio de la Revolución se ha visto obligado a ceder el control de la economía diaria a cambio de su propia supervivencia política.

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