...

Información para decidir con libertad

HISTORIA: Elon Musk y el mundo de mañana

Jacques Coste

Elon Musk es el hombre más rico del mundo y una de las personas más poderosas e influyentes del planeta. Mucho de lo que se escribe sobre él, sin embargo, es basura apologista de sus fans, chismes sobre su vida privada o notas periodísticas coyunturales que, aunque sean rigurosas, analizan sus empresas, proyectos, escándalos e ideas de forma fragmentaria. Por eso, la publicación de Muskism: A Guide for the Perplexed (Nueva York: Harper Collins, 2026),  por Quinn Slobodian y Ben Tarnoff, es una buena noticia. 

Se trata de una obra que no se limita a narrar la biografía de Musk ni a examinar la contribución de sus innovaciones tecnológicas y su estilo gerencial a la economía política global. Más bien, Slobodian y Tarnoff entienden a Musk como el estandarte de una visión del mundo y de un proyecto de ingeniería social que denominan muskismo, un concepto resbaladizo que los autores utilizan con excesiva flexibilidad, pero a fin de cuentas útil para reflexionar sobre el futuro al que aspiran los oligarcas tecnológicos. 

Para estudiar el muskismo, los autores (uno historiador y el otro especialista en la industria tecnológica) examinan diversas declaraciones, decisiones y acciones de Musk, su círculo cercano y sus colaboradores. También analizan el entorno político-económico y las fuerzas históricas que permitieron el ascenso de Musk y otras personas poderosas que sostienen una visión del mundo parecida. 

El muskismo no es una ideología coherente y bien articulada, sino un proyecto modernizador que promete autosuficiencia y soberanía para los individuos y para las naciones en un mundo crecientemente inestable por medio de la tecnología —su tecnología— y, claro está, para quienes pueden pagarla. Pero incluso para los Estados y los individuos que pueden acceder a ella hay un costo adicional: se vuelven dependientes de esa tecnología y de las decisiones de sus desarrolladores. Se trata, así, de una soberanía y una autosuficiencia condicionadas. 

Por tanto, el muskismo es un proyecto selectivo y excluyente. Busca construir murallas y fortalezas para asegurar la sobrevivencia de la civilización occidental al cambio climático, las “invasiones migratorias” y los “virus ideológicos”, al tiempo de “proteger lo mejor de la humanidad de lo peor”. En esa visión, la empatía se percibe como una debilidad, los migrantes como una amenaza, los pobres como incapaces, la clase trabajadora como desechable y cualquier idea política igualitaria como un virus que se debe eliminar. 

El muskismo abreva de la ciencia ficción, los videojuegos, el anime, la filosofía de la tecnología, el ecosistema empresarial de Silicon Valley y los discursos apocalípticos. Aspira a un futuro posthumano en donde las personas y la tecnología sean uno mismo: una fusión del ser y la máquina, un cyborg. Las sociedades modernas, de acuerdo con Musk y sus feligreses, ya caminan hacia un “colectivo cibernético”, en el que los celulares, las computadoras, las redes sociales y la inteligencia artificial son extensiones —no herramientas— de las personas. 

Para mantener a ese colectivo saludable, hay que eliminar virus malignos que pueden infectarlo con ideas indebidas que desafíen el orden social. Así, no todos pueden participar en el colectivo cibernético; mientras que las clases dominantes gozan de su existencia, el resto de las personas lo sostiene con su trabajo y sufre sus consecuencias. 

Pero, por supuesto, el muskismo no es un proyecto altruista. También promueve un cierto tipo de capitalismo basado en la integración vertical de las empresas, la concentración de la producción, el desarrollo tecnológico imparable y la fusión de los mundos digital y material. Es igualmente válido generar riqueza con burbujas bursátiles infladas mediante las redes sociales que por medio de la innovación tecnológica y la producción de bienes para su venta. De hecho, ambos son componentes interdependientes del proceso actual de generación de la riqueza y, en el mundo contemporáneo, quien sabe explotar ambas vertientes detenta el poder. 

De acuerdo con los autores, si el fordismo fue el “sistema operativo” del siglo XX, el muskismo podría convertirse en el del siglo XXI. Puesto que el mundo se encuentra en un momento de volatilidad geopolítica, vulnerabilidad climática e incertidumbre económica, el muskismo podría ser el paradigma que organice y regule el nuevo orden mundial que emergerá del caos actual. Ahí radica la valía de esta obra: si bien por momentos peca de laxitud conceptual y excesivas generalizaciones, brinda herramientas valiosas para entender la visión del mundo de Musk y sus aliados. Desde ese entendimiento, podemos construir repertorios políticos en oposición a ese proyecto de futuro.  

*Jacques Coste. Historiador y autor de Derechos humanos y política en México (Instituto Mora y Tirant Lo Blanch, 2022). Publica en Nexos, Americas Quarterly y otras revistas en México y Estados Unidos.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp