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CINE: México 86: narrar un mundial

Carla Garduño

“Algunas de estas cosas sí pasaron…”, con esta frase inicia México 86 de Gabriel Ripstein. ¿Qué sí pasó durante el Mundial de 1986 y qué no? Quien lo vivió conserva los hechos en la memoria, mientras quien no estuvo ahí puede buscar en internet indicios de lo sucedido. Sin embargo, esa advertencia inicial no sólo invita a distinguir entre realidad y ficción. En cambio, la película plantea una cuestión más sustancial: incluso los hechos verificables están atravesados por la ficción.

Es 1983 y Martín de la Torre es un funcionario medio de la Federación Mexicana de Futbol que está inconforme con su vida. Sin embargo, un día se le cruza una oportunidad que cambia su destino: Colombia renuncia a ser sede de la Copa del Mundo de 1986 y México tiene la oportunidad de postularse como relevo. A partir de ahí, Martín inicia toda una estrategia para hacer posible lo imposible. 

El desenlace de esa historia se conoce de antemano: México fue sede por segunda ocasión de un mundial de fútbol y fue considerado un éxito. Pero para Ripstein la historia en sí misma no es tan importante como la manera en que se cuenta. Más que documentar la organización del evento, lo que busca el protagonista es su redención. Luego de su fracaso ocasionado por actos de corrupción, Martín reescribe su historia revelando los secretos, trampas, negociaciones y engaños que lo llevaron ahí. Algunos son comprobables, otros son imaginados. El narrador poco confiable y la comedia permiten que el relato avance sin necesidad de justificar su veracidad.

En la película hay una lectura explícita sobre el escenario social y político de la época. En un momento de crisis económica —que se reflejaba en hogares como el de Martín— y ante la pérdida de legitimidad del partido hegemónico, la organización del torneo trascendía lo deportivo. Con ella estaba en juego la visibilidad internacional, una apuesta económica y la promesa de felicidad colectiva. La construcción del relato se convierte en una herramienta política. El terremoto de 1985, que evidenció el deterioro del pri, para Martín se convierte en una oportunidad: el espectáculo puede ser también una fuente de consuelo ante la tragedia. ¿Y qué es la esperanza sino una ficción?

En este sentido, el juego es también una especulación. Cuando dos equipos entran en la cancha, durante los minutos que dura el partido todo es posible. De otro modo, ¿cuál sería su propósito? En 1986 la Selección Mexicana llegó a cuartos de final, convirtiéndose en referente para valorar el desempeño del fútbol mexicano. En 2026, luego de la decepción de Catar, el equipo mexicano —de la mano de la mercadotecnia— escribió un relato mínimo basado en la posibilidad: “¿Y si sí?” Al final no se pudo, pero durante esas semanas la repetición de un deseo reescribió la máxima derrotista que decía “Jugaron como nunca y perdieron como siempre”. 

La producción de Netflix se estrenó durante el mes en el que México se convirtió en el único país en ser tres veces anfitrión —más simbólicamente que otra cosa, pues solo se jugaron 13 de los 104 partidos— de la Copa del Mundo y la Selección nos hizo soñar. La máquina de ficción volvió a correr. Las calles de la Ciudad de México se llenaron de carteles festivos que apelaban a la nostalgia de los dos mundiales pasados y de figuras gigantes de jugadores, a la vez que el Zócalo se volvió centro de transmisiones. Se intentó que la ciudad fuera un escenario festivo, ignorando las fichas de desaparecidos, las marchas, las obras inconclusas y las inundaciones. Sin embargo, entre la fiesta la inconformidad encontró un lugar. 

¿Cómo se elabora el discurso que presenta a México como un país capaz de recibir el Mundial, frente a una Colombia que renunció a organizarlo en 1982 luego de que el presidente Belisario Betancur declarara que había asuntos más importantes en su país que cumplir con las extravagancias de la fifa? Detrás de las posibles respuestas hay una serie de transacciones que, como Martín nos dice, quedan fuera de escena. Al final, no importa si todas esas cosas pasaron. La película sugiere que los grandes relatos se construyen a partir de una negociación constante entre la realidad y la ficción. 

*Carla Garduño. Internacionalista por El Colegio de México e hispanista en formación por la UNAM. A partir de lo que ve, piensa las formas de narrar.
@la_carlaverita

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