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Información para decidir con libertad

La verdad, primer bastión de la libertad

La libertad solo puede caminar por la senda de la verdad, porque esta está pavimentada con realidades lo suficientemente firmes y sólidas como para sostenerla. Así comienzo mi primer artículo en este diario, del cual estoy plenamente convencido de que habla con la verdad para mostrarnos el camino hacia la auténtica libertad.

A lo largo de la historia han existido grupos de interés que han utilizado la mentira para preservar sus privilegios. Durante siglos se sostuvo que el poder de los reyes provenía directamente de Dios y, por lo tanto, no debía responder ante los gobernados. Aquella visión comenzó a derrumbarse con la Ilustración. El padre del liberalismo, John Locke, formuló la teoría de los derechos naturales, según la cual todo ser humano posee, de manera innata, el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Sobre esos principios comenzó a edificarse una nueva era de prosperidad y de gobiernos limitados por la ley.

Sin embargo, la ambición de grupos mezquinos y desalmados nunca desapareció; simplemente encontró nuevas formas de seducir a sociedades desesperanzadas. Surgió el comunismo prometiendo igualdad, pero terminó concentrando el poder en manos del Estado. La caída de la Unión Soviética en 1991 simbolizó el fracaso de un modelo que, lejos de liberar al individuo, restringió libertades fundamentales, sometiendo a millones de personas al absoluto control político.

Hoy esa misma lógica resurge bajo nuevos discursos. El movimiento woke y las izquierdas bolivarianas han reemplazado la lucha de clases por la política de la identidad, privilegiando la condición frente al mérito y alentando una permanente y absurda confrontación entre los diferentes sectores de la sociedad. Basta observar el deterioro institucional y humano de países como Venezuela para comprender las consecuencias de proyectos que subordinan la libertad individual a una visión ideológica del poder. O basta ver cómo Europa está siendo conquistada por la creciente influencia de culturas que son contrarias a su tradición democrática y liberal.

No tengo intención de disfrazar mis convicciones con eufemismos políticamente correctos. Creo que el resentimiento, la mezquindad y la manipulación continúan siendo las herramientas predilectas de quienes aspiran a dividir a la sociedad para conservar el poder.

Es por ello que escribo de manera directa y crítica. Mi propósito no es seguir el discurso predominante, sino ofrecer al lector una alternativa sustentada en la historia y en la convicción de que solo la verdad puede conducirnos al bien más preciado: la libertad.

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