Para BGT, con enorme cariño.
Los recientes festejos por los triunfos de la selección mexicana superaron cualquier expectativa que pudiéramos haber imaginado hace unas semanas. Ya no sólo por el inmenso número de personas, en todo el país, que salieron a celebrar el triunfo de la selección, lo verdaderamente importante fue el triunfo de la felicidad en todo el país. Felicidad por México.
Es cierto que han existido momentos de euforia descontrolada durante estos festejos, pero la felicidad y el gozo en las conversaciones cotidianas en nuestras casas, en el trabajo y, en muchos casos, entre personas que no se conocían y que tal vez ni siquiera les gusta el futbol. Sólo querían gritar juntos ¡Viva México!
La respuesta, casi inmediata, de millones de mexicanos que decidimos, aunque sea por unos días, posponer nuestras diferencias, los agravios, el dolor de la violencia, el miedo paralizante e intentar ser sencillamente felices. Una inmensa mayoría, sin importar si somos fifís o chairos, nos olvidamos de laGo polarización y nos pusimos “la verde”. Nos vestimos de México.
Durante ocho años, la 4T ha intentado imponer los programas del Bienestar, su marca insignia, como sinónimo de felicidad. Falso.
La felicidad es un derecho de los seres humanos, el bienestar público es una obligación del Estado y del gobierno con sus ciudadanos.
Los programas y becas del Bienestar, no son una dádiva que tengamos que agradecer a la 4T, a AMLO o a CSP; se paga con el dinero de los contribuyentes. Los gobiernos no tienen dinero, tienen nuestro dinero.
No hizo falta la convocatoria de ningún líder mesiánico, gobierno o movimiento político para emocionarnos y estar felices en nuestras casas con la familia y amigos, para salir a las calles a festejar sin importar si era de noche o si llovía a raudales. Nos convocó México para ser felices y no le fallamos.
La felicidad individual, a diferencia del bienestar, no es una condición permanente, es algo parecido a la paz. Pero la felicidad colectiva, en las actuales condiciones, es aún más rara y por eso merece ser festejada con júbilo e inmensa alegría. Se convierte así, en un referente de que sí tenemos muchas “cosas en común” y que éstas son más importantes que nuestras diferencias personales o de grupo.
Con el mismo ímpetu, exijamos a las autoridades las mayores y mejores condiciones de bienestar y seguridad, sin olvidar que tenemos derecho a la felicidad personal y colectiva, pues la felicidad “del otro” debe ser parte de nuestra felicidad individual.
Se demostró que la felicidad es mucho más poderosa que la polarización. He escuchado a muchos decir: ¿Y qué sigue cuando ya no gane la selección? ¡Sigue México!
Pancho Graue
Recomendar Nota
