“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, el tío Ben a Peter Parker
El hombre araña
Culiacán, Sin.- Claudia Sheinbaum perdió en Colombia algo mucho más que un “compañero de lucha desde los tiempos del M-19” en la figura del todavía presidente Gustavo Petro.
Claudia Sheinbaum perdió un gran aliado y sobre todo un espacio de maniobra política en América Latina.
Los cárteles sinaloenses también perdieron una gran alianza con la pérdida del poder presidencial de Petro en Colombia.
Poco a poco pareciera que Sheinbaum se va quedando sola en un continente que no solo cambia su configuración geopolítica, sino también sus prioridades de gobierno.
Los cárteles sinaloenses ahora emigran al mercado de las metanfetaminas y el fentanilo y se adelantan al bloqueo del mercado de la cocaína.
La visión política que privaba en América Latina cuando la 4T llegó al poder en México ha cambiado de manera radical. Los países que abrazaron al socialismo del siglo XXI, sus gobernantes construyeron un modelo de gobierno basado y soportado en la alianza narco-Ejército y gobierno en un solo ente.
Hoy América Latina da un nuevo viraje a la derecha y regresa a ver a los cárteles como los enemigos de la sociedad y el Ejército regresa a ser el guardián de la soberanía del país ante el riesgo latente del narcotráfico.
¿Y los cárteles mexicanos también darán un viraje en su relación con el gobierno?
A partir del 7 agosto que tome protesta el nuevo presidente colombiano Abelardo de la Espriella, mejor conocido como El Tigre, viene otra fuerte presión para el gobierno de México y de Claudia Sheinbaum, pero también para los cárteles mexicanos.
El corredor del narcolatinoamericano, empieza a cambiar su configuración.
Ya no estará Venezuela y tampoco Colombia dentro de este corredor aliado. México, como epicentro del narco -así lo definió Donald Trump- tendrá un nuevo cerco.
Abelardo de la Espriella anunció una estrategia de mano dura contra el narcotráfico, los cárteles y grupos armados a los que califica como “narcoterroristas”.
Se acabaron “los abrazos y no balazos”, como se le dice en México a la política de protección a los narcos, o de “paz total”, como la llamaba Petro en Colombia.
La alianza contra el narco “Escudo de las Américas” gana un nuevo integrante, mientras México sigue fuera de este grupo de gobiernos latinoamericanos.
De la Espriella adelantó que ordenará desde el 8 de agosto la fumigación de más de 330 mil hectáreas de cultivos de coca con bioherbicidas para erradicar la fuente principal de financiamiento del narcotráfico.
En México, el gobierno solo administra al narco, pero no lo combate.
En Colombia, De la Espriella dice que también habrá bombardeos contra campamentos narcoterroristas usando tecnología para minimizar impacto en población civil.
Se van a neutralizar aeronaves y embarcaciones (hundir lanchas) vinculadas al tráfico de drogas en rutas aéreas, marítimas y fluviales.
En México, Sheinbuam se niega a llamar narcoterroristas a los cárteles y niega permiso a EU para que los combata.
En sí, Colombia anuncia su ingreso al Escudo de las Américas y contará con el apoyo de EU para combatir a los cárteles y México se queda como el patito feo y el epicentro del narco en América Latina.
Esa es la nueva realidad de América Latina que pareciera estrangular poco a poco al gobierno de Claudia Sheinbaum, o bien, al de Andrés Manuel López Obrador, donde Claudia solo permite que aprieten la cuerda, pero sin ella jalarla.
¿Y Claudia Sheinbaum ya está dando el salto hacia el cambio de visión de gobierno o permanecerá fiel y leal a López Obrador?
Esa respuesta queda en pareciera, porque ni una ni otra cosa queda claro.
Habrá que estar pendientes.
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